San Valentín / Valentine’s Day

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Fue el mismo día de San Valentín. Se puede pensar que debería haber elegido otro día, pero siendo honestos, era un día tan bueno (o tan malo) como cualquier otro. No estaba pensado que pasara nada especial: cena en casa, un ratito de tele y… a la cama, como cualquier otra noche. Pero fue después de la cena, al poco de estar en el sofá disfrutando del partido de baloncesto cuando fui consciente de que esto hacía aguas. Después de más de nueve años compartiendo la vida, no parecía que pudiéramos seguir estirando más esta relación. Intenté averiguar cuál era el problema, hurgué en tus entrañas por si encontraba solución pero no, no la había. Sencillamente habías dado todo lo que podías darme y ya no podías continuar. Aunque fue un shock, fui capaz de entender que, a veces, la vida es así y que cosas que parecen durar para siempre, acaban en algún momento.

Me iban a resultar difícil los siete días que tenías de margen para dejar la casa, fingiendo que no estabas. Y en esos días, llegaría tu sustituto. Parece muy precipitado pero sabía que no podría aguantar mucho sola. Así que solo podía estar agradecida por nuestro tiempo juntos y pasar página. Gracias, lavavajillas, por los servicios prestados. Que el punto limpio te sea leve.

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It was the very same Valentine’s Day. You could think he could have chosen other day but, to be honest, it was a day as good (or as bad) as any other. Nothing really special was meant to be: dinner at home, watching TV for a while and… go to bed, as any ordinary night. But it was after dinner, being on the sofa for a little while enjoying a basketball match when I realised this was falling apart. After nine years sharing our lives, it seemed we couldn’t make this relationship go further. I tried to figure out what the problem was, I look inside your guts in case I could find a solution but there was none. Simply, you had given me everything you could give and you couldn’t go on. Although it was a shock to me, I could understand that, sometimes, life is that way and things that seem to last forever, have and end eventually.

It was going to be difficult for me those seven days you had to leave the house, pretending you weren’t there. And on those days, your substitute would arrive. It looked hasty but I knew I couldn’t go on alone much time. So I could only feel grateful for our time together and turn the page. Thanks, dishwasher, for your services. I hope the recycling area won’t be too bad.

Sin título / No title

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Oportunidades disueltas en un mar de dudas. 

Esperanzas arrasadas en un huracán de miedos. 

Vidas malgastadas en torturas autoinflingidas.

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Opportunities diluted in a sea of doubts. 

Hopes devastated by a hurricane of fears.

Lives wasted in self-inflicted tortures.

No le digas a nadie / Don’t tell anybody

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No le digas a nadie que estoy aquí. No quiero que me encuentren. No le digas a nadie que he venido a verte. No quiero que sepan que sueño con despeinarte. No le digas a nadie que, si me dejas, me voy quedar contigo. No quiero que sepan que me queman las manos por aguantarme las ganas de acariciarte.

Prometo que no te voy a molestar.  Prometo que sé estar callada. No te hablaré de cómo se me eriza el vello cuando pasas por mi lado. No mencionaré cómo tiemblo cuando me miras a los ojos. Ni te diré lo mucho que te quiero. Me quedaré aquí sentada, mirando cómo vas de un lado para otro, memorizando cada gesto, cada guiño, cada sonrisa. Me quedaré aquí sentada hasta que el mundo se acabe.

Así que, por favor, no le digas a nadie que estoy aquí. No quiero que me encuentren.

♦ ♦ ♦ ♦

Don’t tell anyboy I am here. I don’t want to be found. Don’t tell anybody I’ve come to see you. I don’t want them to know I dream about disarranging your hair. Don’t tell anybody that, if you let me, I will stay with you. I don’t want them to know my hands are burning for resisting the urge to caress you.

I promise I won’t bother you. I promise I know how to be quiet. I won’t talk about those goosebumps whenever you pass me by. I won’t mention how I tremble when you look me in the eyes. Neither I will tell you how much I love you. I will sat down here, watching you walking around, memorising every expression, every gesture, every smile. I will sat down here until the world ends.

So, please, don’t tell anybody I’m here. I dont’ want fo be found.

 

La mesa de la cocina / Kitchen’s table

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Sentada en la mesa de la cocina, se aferra a la taza de café humeante mientras el alba comienza a despuntar entre los tejados vecinos, tiñendo de su característico tono grisáceo los azulejos blancos. Un escalofrío recorre su espalda cuando escucha su respiración porque sabe que todo es producto de su imaginación, una reverberación del pasado que vuelve como el eco en lo profundo de la caverna. Y a la vez que la escucha, es capaz de sentir el roce de su mano recorriendo su hombro derecho y subiendo por su nuca hasta revolver el pelo de la coronilla. Es tan real que incluso se obliga a mirar su reflejo en la ventana de la cocina para comprobar que está sola. Da otro sorbo al café mientras repasa en silencio las cosas que tiene pendientes para hoy, aunque la imagen que quiere desterrar de sus pensamientos vuelve una y otra vez, anegando su mente de recuerdos, pese a lo cual se vuelve a servir otra taza de café en un vano intento de retrasar abandonar la cocina, el espacio que se ha convertido en su cápsula del tiempo, su particular máquina para viajar al pasado y permanecer allí al menos unos instantes, rememorando una vida más feliz. Un pasado donde el silencio en la mañana estaba lleno de significado mientras que ahora pesa como el plomo. Un pasado que desaparece cuando deja la taza en el fregadero y allí mismo se ve reflejada en ese sencillo momento: una única taza vacía en el fondo de una fría y metálica hondonada. Y la caprichosa máquina del tiempo la devuelve al presente con su opresiva urgencia que, al menos, le permite no dejarse arrastrar de nuevo al fondo. De momento.

 ♠️ ♠️ ♠️ ♠️

Sitting at the kitchen table she grasps a steamy cup of coffee while dawn starts to break among the nearby roofs, coloring the white tiles with its characteristic greyish tone. A shiver runs through her back when she heard his breathing because she knows it is all a product of her imagination, a reverberation of the past that comes back like the echo in the deepest part of a cavern. And at the same time she hears it, she can feel the brush of his hand going through her right shoulder and up through her nape to mess up the hair at her crown. It is so real that she forces herself to look her reflection in the kitchen’s window to check she is actually alone. She takes another sip to the coffee while she silently goes over the things she has to do today, although the image she wants to get rid of her thoughts comes back again and again, inundating her mind with memories, despite which she serves herself another cup of coffee in a vain try to delay leaving the kitchen, the space that has become her time capsule, her particular machine to travel to the past and stay there at least for a few moments, remembering a happiest life. A past where silence in the morning was full of significance while now is heavy as lead. A past that disappears when she leaves the cup in the sink and there, she sees herself reflected in that simple moment: a sole empty cup at the bottom of a cold and metallic hollow. And the capricious time machine takes her back to the present with its oppressive urgency that, at least, lets her not to drown to the bottom again. For now.

Perdido / Lost

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Lo perdí todo: mi mente, mi paciencia, mi seguridad y mi buen juicio. Perdí la cabeza y el corazón, la esperanza y el sueño. Lo perdí todo cuando te encontré a ti.

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I lost everything: my mind, my patiente, my self-assurance and my good sense. I lost my head and my heart, my hope and my sleep. I lost everything when I found you.

 

Mujer desconocida

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Hacía tiempo que había dejado de decir que le gustaba pasear por el cementerio viejo. La gente solía pensar que estaba loca o que era un bicho raro. Así que había optado por callárselo. Pero la verdad es que le gustaba. No le producía ningún miedo sino mucha tranquilidad. Como ya dijera su abuela, a quien había que temer era a los vivos, no a los muertos. Tampoco es que fuera allí de noche, seguro que no le iba a dar tanta tranquilidad, pero sí en mitad del día, cuando la gente estaba trabajando o comiendo, porque no solía haber nadie por los alrededores, y mucho menos gente que visitara el cementerio. Hacía decenios que, por motivos sanitarios, no se enterraba a nadie allí, junto a la iglesia, y debían enterrarse en el cementerio nuevo, a las afueras. Tampoco es que estuviera muy cerca de la población, pero bueno, si la ley así lo decía…

Había cogido por costumbre empezar el paseo por la tapia oeste, la más lejana a la pared de la iglesia. Allí era donde estaban las tumbas más recientes, aunque la última persona que recibió sepultura allí databa de hacía casi 70 años. La mayoría eran muy anteriores y se encontraban cada vez en peor estado. El césped se cortaba regularmente a cargo de la parroquia, pero las lápidas… la mayoría estaban desgastadas, ladeadas o rotas, y según te acercabas a la pared de la iglesia, estaban peor pues eran mucho más antiguas. Algunas tenían hasta más de 200 años. Gran parte eran lápidas tradicionales, con forma rectangular o redondeada en la parte de arriba, con el nombre del difunto, las fechas de nacimiento y muerte, y algún pequeño epitafio o recordatorio de los familiares. Otras, las menos, recordaban varios nombres, aunque las fechas solían diferir. Unas pocas tenían alguno de esos ángeles de grandes alas velando por ellos, pero esas estatuas sí le producían cierta inquietud. Algunas parecía que estuvieran a punto de moverse.

Pero de todas ellas, la que siempre le llamó la atención fue la de la esquina sureste. La más pequeña de todas, colocada como por casualidad. Una pequeña cruz de hierro pintado en negro señalaba el lugar. Con el paso de los años, la pintura se había desprendido de algunas partes dejando a la vista trazos rojizos de óxido. Y justo donde se juntaban los travesaños, una pequeña placa con una escueta inscripción: “Sin nombre. 1943”. Se fijó en ella por primera vez hacía unos meses, en uno de esos días de tiempo cambiante, con nubes y claros. De repente el sol salió de entre las nubes y comenzó a iluminar el camposanto, y la primera en recibir los rayos de sol fue esta tumba, mientras las demás permanecían aún en la sombra. Fue como si le llamara. Le impactó especialmente la placa pues nunca había visto una igual. Había visto monumentos a caídos en guerras o conflictos, fosas comunes… pero una única tumba con un único cuerpo enterrado… Durante días no pudo quitárselo de la cabeza hasta que decidió preguntarle al párroco. Y así lo hizo. Él apenas llevaba a cargo de la parroquia unos 4 años, así que no sabía nada, pero le ofreció consultar el registro parroquial donde debería estar anotados los enterramientos, especificando el año, la localización y los nombres de los mismos. Amablemente, le permitió quedarse en el despacho mientras él seguía con sus quehaceres y, aunque le llevó un rato, pues era un registro manual poco preciso donde habían escrito múltiples personas, consiguió localizar la entrada que buscaba: “1943. 15 de Noviembre. Mujer desconocida sin reclamar.” Dejó el registro encima de la mesa y buscó al párroco para despedirse y agradecerle su ayuda. Cuando le puso al corriente de lo que había encontrado, es decir, poco más de lo que ya sabía, él sugirió que se pasase por la biblioteca municipal donde se guardaban los periódicos locales desde principios de los años 30. Así que siguiendo el consejo del párroco, el primer día libre que tuvo, se puso manos a la obra en busca de algo que pudiera ayudarle a saber algo más de aquella sepultura que la había robado el sueño en las últimas semanas. Decidió empezar por la fecha que aparecía en el registro e ir hacia atrás, aunque eso supondría un gran trabajo puesto que, a pesar de que los archivos estaban en proceso de digitalización, los documentos de aquella época solamente estaban disponibles en microfilm. Le llevó unas cuantas horas, un incontable número de cafés y un molesto dolor de cabeza encontrar lo que buscaba, pero finalmente, en un pequeño periódico local de sucesos, halló la noticia. Al parecer, la mujer había sido encontrada a pocos kilómetros de allí, en una pequeña playa poco accesible, devuelta por la marea. Según informaba el reportaje, la mujer, de entre 35 y 45 años, no aparentaba tener signos de violencia, y tampoco llevaba ninguna identificación a pesar de haber sido encontrada junto a su bolso en el que solo se encontraron un pañuelo blanco, un pintalabios rosa, unas pocas monedas y un ticket de compra que no se podía leer a causa del deterioro producido por el tiempo que permaneció sumergida.

Tras meses de pesquisas por parte de la policía, cotejando con las denuncias por desaparecidos, y a pesar de haber distribuido la imagen de cómo habría sido la mujer en vida por toda la región, no se puedo averiguar en qué circunstancias se produjo el fallecimiento y tampoco nadie reclamó nunca el cadáver. Así que, tras esperar el periodo reglamentario, se procedió a realizar el enterramiento en el cementerio parroquial, a cargo de las autoridades locales y sin más testigos que el párroco de entonces y los operarios correspondientes.

Y fue así que, desde entonces, todos los miércoles por la mañana, se acercaba al cementerio frente a la cruz sin poder dejar de preguntarse quién sería, qué le ocurrió y por qué nunca nadie la buscó, sabiendo que jamás podría responder a esos interrogantes. Y antes de marcharse, depositaba con cariño un ramillete de flores, las que había podido recoger en el campo en su camino hasta la iglesia, esperando que, de algún modo, el consuelo de unas pocas plantas silvestres alcanzase a la mujer desconocida, estuviese donde estuviese.

Mi océano: tú

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Oscuro e inescrutable. Desconocido y misterioso. Calmado en la superficie y peligroso en la profundidad. Lleno de vida y capaz de causar la muerte. Siempre en movimiento, en oleadas que vienen y van, a veces cerca y a veces lejos. Cuando creo que te puedo alcanzar, te escurres entre mis dedos, y no puedo dejar de mirar mis manos vacías preguntándome qué he hecho mal. Solo puedo observarte en la distancia, deseando sumergirme en tu inmensidad.

Me equivocaba / I was wrong

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Vi una luz en mitad de la oscuridad y pensé que era el camino a seguir. Pero me equivocaba.

Escuché el latido de un corazón junto al mío y creí que eras tú que permanecías a mi lado. Pero me equivocaba.

Sentí que tú mano rozaba la mía, tú respiración en mi mejilla, tus labios en los míos. Pero me equivocaba.

Creía que había llegado mi momento, que iba a ser feliz a tu lado. Pero me equivocaba.

Una vez más, me equivocaba.

♠️♠️♠️♠️

I saw a light in the middle of the darkness and I thought it was the path to follow. But I was wrong.

I heard a heart beating close to mine and I thought it was you who stayed next to me. But I was wrong.

I felt your hand brushed mine, your breath on my cheek, your lips on mine. But I was wrong.

I thought my moment had come, that I’d be happy with you. But I was wrong.

Once again, I was wrong.