Galaxy / Galaxia

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Saltando de estrella en estrella, de galaxia en galaxia, hurgando en la antimateria buscando lo inmaterial. Recorriendo la enormidad del universo deseoso de encontrar la más ínfima partícula de vida. Visitando la oscuridad del agujero negro para hallar la luz que guíe su camino.  Abrazando el silencio esperando una palabra de amor.

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Jumping from star to star, from galaxy to galaxy, delving into the antimatter looking for the immaterial. Traveling around the enormity of the universe willing to find the tiniest particle of life. Visiting the darkness of the black hole to find the light that will guide his path. Embracing the silence waiting for a word of love.

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Estación de autobuses / Bus station 

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Sentada en una de esas incómodas bancadas, se aferra a su mochila como un náufrago a su salvavidas. A pesar de evitar el contacto visual con todos los que la rodean, se siente observada, aunque sabe que todo es producto de su imaginación. No hay nadie que la conozca. Y aún así no puede evitar pensar que lo saben. Por megafonía suena, de forma apenas inteligible, la salida del próximo autobús con quién sabe qué destino. Quizás debería coger ese. Quizás debería montarse sin pensarlo en el próximo autobús, la lleve donde la lleve, y alejarse de todo. Podría empezar de nuevo. Podría olvidarse del pasado y crearse un futuro. Podría conocer gente nueva y aprender un oficio distinto, y fingir que todo va bien y que ella es feliz. Durante apenas unos segundos se ve a sí misma rodeada de gente de todo tipo, riendo, y disfrutando de la vida. Inconscientemente, las comisuras de sus labios se elevan sutilmente dibujando una sonrisa. Su mirada se cruza entonces con la de otra de las personas que aguardan la salida de su transporte. Y todo se viene abajo. No le conoce de nada pero la observa con suspicacia. Ella aparta la mirada aunque nota cómo los ojos del desconocido siguen posados en ella. Sabe que no es capaz. Apreta aún más la mochila contra su pecho que ahora pesa como si cada palabra que no dijo, cada ilusión que destruyó, fueran piedras arrastrándola al fondo. Ese fondo del que ya no podrá salir.

 
♠️♠️♠️♠️

 
Seated on one of those uncomfortable benches, she grasps her backpack like a shipwreked his life jacket. Despite she avoids visual contact with everyone around her, she feels watched, although she knows it is all her imagination. Nobody knows her. And even so, she can’t help thinking they know it. Over the tannoy, barely intelligible, the announcement of the next bus departure, who knows with what destination. She might take that one. She might get on the next bus without thinking, wherever it takes het, and get away from everything. She could start again. She could forget her past and create her future. She could meet new people and learn a new profession, and pretend everything is alright and she is happy. Only for a few seconds she sees herself surrounded by people of all kinds, laughing, enjoying life. Unconsciously the corners of her mouth raise subtly showing a smile. Her gaze meets another one of those people waiting for their transport. And everything falls apart. She doesn’t know him but he stares at her suspiciously. She averts his look but notice how the stranger’s eyes stay placed on her. She knows she is not capable. She tightly grasps her backpack against her chest and now it weighs as if every word unsaid, every illusion destroyed, were stones dragging her down to the bottom. That bottom from which she won’t be able to get out.

Ojalá / I wish

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Ojalá tu cara fuera solamente  otra cara y no la que espero  ver constantemente  entre la multitud. Ojalá tu voz fuera solamente una voz cualquiera y no la que me susurraba al oído. Ojalá tus caricias fueran solamente el roce del viento en mi piel y no las que busco sin quererlo en las manos de otros. Ojalá tu rechazo fueran solamente los ojos de un desconocido que evita mi mirada en la calle y no el misil que provocó mi hundimiento. Ojalá mi dolor fuera solamente una cicatriz que se cerró hace tiempo y no la herida que siempre permacecerá abierta. Ojalá fuera capaz de olvidarte y no permanecer aferrada a tu recuerdo como el naúfrago que se aferra a un tablón entre los restos de la tragedia. Ojalá.

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I wish your face was only another face and not the one I hope to see constantly in the crowd. I wish your voice was only another voice and not the one that whispered in my ear. I wish your caresses were only the touch of the wind in my skin and not those I seek unintentionally in others hands. I wish your rejection were only the eyes of a stranger who avoids my gaze in the street and not the missile that caused my sinking. I wish my pain was only a scar healed long time ago and not the wound that will always be open. I wish I was able to forget you and not keep clinging to your memory like the shipwrecked stays clung to driftwood among the remains of the tragedy. I wish.

¿Qué es? / What is it?

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La primera gota de lluvia sobre el cristal.

El café recién molido.

Mis dedos entre tu pelo.

Los primeros trinos al amanecer.

El olor a ropa recién tendida.

El peso de un perro sobre tus pies.

La mano dentro de una bolsa de lentejas.

El sol reflejado en tus ojos.

Las notas de un piano en la distancia. 

La primera cucharada de helado derritiéndose en la lengua. 

Las olas que se acercan a la playa.

Los pequeños brazos de tu sobrino rodeando tu cuello.

La primera rosa de la temporada. 

El crujido al cortar un bizcocho al salir del horno.

El calor de tu mano al final de mi espalda.

El olor del heno agostándose.

El baile de una hoja en el río.

La risa a carcajadas de tu sobrina.

El ronroneo de un gato al rascarle la cabeza.

El crepitar de una hoguera en invierno.

Tu respiración junto a mi en la oscuridad. 

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The first raindrop on the window.

Coffee freshly ground.

My fingers through your hair.

The first trills at sunrise.

The smell of clothes just washed.

The weight of a dog on your feet.

Your hand inside a bag of lentils.

The sun reflected in your eyes.

The notes of a distant piano.

The first spoon of ice-cream melting in your tongue.

The sea waves approaching the beach.

Your nephew’s tiny arms around your neck.

The first rose of the season.

The crunch when cutting a freshly baked cake.

The warmth of your hand at the end of my back.

The smell of hay in August.

The dance of a tree leave in the river.

The loud laugh of your niece.

The purr of a cate while scratching its head.

The crackling of a bonfire in winter.

Your breath next to me in the darkness.

Soñé / I dreamt

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Soñé que me amabas. Soñé que tus brazos rodeaban mi cuerpo y tus labios susurraban palabras que no entendía sobre mis párpados cerrados. Soñé que me amabas aunque no nos conocemos, aunque no hemos cruzado palabra, aunque nuestras miradas nunca se han encontrado frente a frente, aunque nunca hemos estado en el mismo sitio y en el mismo momento. Hoy soñé que amabas y fui feliz. 
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I dreamt you loved me. I dreamt your arms around my body and your lips whispered words I didn’t understand on my eyes closed. I dreamt you loved me although we don’t know each other, although we haven’t talked, although our eyes have never met, although we have never been in the same place at the same time. Today I dreamt you love me and I was happy. 

Lluvia en el camino / Rain in our way

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No estamos en silencio. Hay ruido a nuestro alrededor pero apenas lo notamos. Se escucha la voz del locutor de una emisora cualquiera de fondo, casi como si el sonido llegase de fuera del coche. Las gotas de lluvia contra los cristales del coche distorsionan aún más las notas procedentes de la radio y el mecánico y constante movimiento de los limpiaparabrisas barre la lluvia como unas pocas horas antes mis propias manos barrían las lágrimas de mis mejillas. 

Apenas hay tráfico. Es ya muy tarde y sólo de cuando en cuando nos cruzamos con otro coche pasando junto a nosotros como una estrella fugaz, una luz que dura apenas unos segundos. Las otras luces, las de las calles, nos indican el camino a casa, también como las estrellas que antaño guiaban a los marineros en la inmensidad del océano. 

El semáforo cambia a rojo y reducimos la velocidad hasta detenernos. Paro el limpiaparabrisas mientras tanto porque me disgusta el chirrido constante de la goma contra el cristal. Quizás debería pensar en cambiarlos. Ahora las luces del semáforo se distorsionan con la lluvia, casi parecen derretirse. 

Debería hacerlo ahora. Debería pedirte perdón por las cosas que he hecho. Pero sobre todo, pedirte perdón por las que no he hecho. Por los besos que no te he dado. Por las veces que se me encogieron los brazos cuando ibas a estrecharme entre los tuyos. Por las veces que pensé en llamarte y lo dejé para otro momento. Por los mensajes a los que no respondí. Por las promesas que nunca cumplí. Por las veces que no te di las gracias y, sobre todo, por las que no te dije te quiero. Esas son las que se van filtrando poco a poco, gota a gota, y que, como la lluvia que descarga sobre nosotros, se diluyen en el mar del tiempo para no volver jamás. 

Trago saliva y me dispongo a hablar. El claxon del coche de atrás ahoga el tenue sonido de mi voz. El semáforo ha cambiado a verde pero seguimos parados. El otro conductor se impacienta y vuelve a pitar. Nos ponemos en marcha. Vuelvo a conectar los limpiaparabrisas y por un momento mi visión es lúcida y clara. Pero la tormenta arrecia y en seguida todo se distorsiona y se deforma. Y todo pasa. Se me encoge la lengua y se me olvidan las palabras.”Ahora no es el momento” me digo mientras te miro de soslayo, en una vano intento de engañarme a mí misma. Sé que nunca encontraré el momento hasta que sea demasiado tarde. Y se me arruga el corazón con mi propia cobardía. En la radio suenan los primeros acordes de ‘Days’ de The Kinks. Subo el volumen con la absurda esperanza de que te des cuenta de lo que quiero decir, pero soy consciente de lo ridículo de la idea. “Me gustaría que esta canción sonase en mi funeral”. Me miras brevemente y sacudes la cabeza ligeramente, y no soy capaz de saber si es por diversión o por resignación. 

La canción sigue sonando mientras seguimos nuestro camino hacia casa, como en una especie de metáfora de la vida donde hablamos sin decir las cosas, miramos sin ver, nos movemos sin avanzar. Estamos vivos pero no vivimos. 

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We are not in silence. There is noise around us but we barely notice it. We can hear the voice from some radio station in the background, as if the sound came from outside the car. Rain drops against the glass distort even more the notes coming from the radio, and the constant and mechanical movement of the wind screen wiper sweeps the rain away like, a few hours ago, my hands swept my tears away from my cheeks.

There is almost no traffic. It’s very late and just from time to time we find another car passing by next to us like a shooting star, a light shinning a few seconds. The other lights, from the streets, show us the way home, like other stars that once guided sailors in the immensity of the ocean.

The traffic light turns red and we slow down until we stop. I turn off the wind screen wiper meanwhile because I dislike the continuous squeal of the rubber against the glass. I might think about changing them. Now the lights of the traffic lights get distorted like they were melting.

I should dot it now. I should apologise for the things I have done. But above all, I should apologise to you for the things I haven’t done. For the kisses I didn’t give to you. For all those times my arms withdrew when you were about to hold me in yours. For all the times I thought of calling you and I decided to leave it for another moment. For the messages I didn’t reply to. For the promises I never kept. For all those times I didn’t say thank you and, especially, for those times I didn’t say I love you. These are those that filtrate slowly, drop by drop, and, like the rain pouring over us, dilute into the sea of time to never return. 

I swallow and prepare myself to speak. The horn from the car behind muffles the soft sound of my voice. The traffic lights have turned green but we are still. The other driver gets impatient and make it sound again. We get on the move. I turn on the wind screen wiper again and for a moment my vision is lucid and clear. But the storm gets worse and suddenly everything is distorted and deformed. And all is passed. My tongue shrinks and I forget the words. “Now is not the time” I say to myself while I look sideways at you in a vane try to fool myself. I know I will never find the moment until it is too late. And my heart sunks due to my own cowardly. The radio plays the first notes of ‘Days’ from The Kinks. I turn up the volume absurdly hoping you will realise what I want to say, but I’m aware of how ridiculous the idea is. “I’d like this song to be played at my funeral”. You briefly look at me and shake your head softly, but I can’t tell if it’s for fun or for resignation.

The song keeps onwhile we go our way home, like some kind of metaphor of life where we speak but say nothing, we look without seeing, we are in motion but we don’t move forward; where we are alive but we don’t live. 

Atardecer en Madrid / Dusk in Madrid

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Lo había escuchado otras veces pero nunca se había parado a comprobarlo. Qué pena cuando no tenemos tiempo de pararnos unos minutos a contemplar algo. Bueno, cuando no tenemos o, más bien, cuando creemos que no tenemos tiempo. Era cierto que el atardecer de esta ciudad es distinto a los demás. Había visto muchos atardeceres, en muchos sitios distintos, y seguramente más bonitos. Atardeceres junto al mar, desde lo alto de la montaña, en pequeños pueblos de casas blancas y tejados oscuros, y hasta en mitad del bosque. Pero cuando la noche comienza a caer sobre Madrid, la ciudad parece distinta. Sobre todo en primavera y en otoño. Los tonos rosas, naranjas y púrpuras se mezclan con el celeste del cielo y el gris del cemento. Son colores que no se ven en otros lugares salvo, quizás, en algún lejano planeta en otra galaxia, o en otro universo. Es posible que tanta belleza se deba sólo a una mezcla de humos de coche, vapores de calefacción y calor asfáltico. Pero yo creo que es otra cosa. He visto anocheceres en otras grandes ciudades como Londres, París o Nueva York, y no son así. Yo creo que es la ciudad la que es distinta y por eso el ocaso es tan especial como ella. 

Qué pena no haberse fijado antes. Qué pena que fuera precisamente ahora cuando se daba cuenta. Siempre tan abstraída, siempre corriendo, siempre con prisa… tanto es así que no vio el coche acercarse. Cuando escuchó los gritos ya era tarde. Tumbada sobre el suelo podía contemplar el cielo en todo su esplendor. No sentía nada, no escuchaba nada. Sólo miraba jirones de nubes violetas desplazarse sobre ella con rapidez. Tampoco oyó las sirenas que se acercaban a toda velocidad. Sólo siguió escrutando el cielo recordando el dicho popular “de Madrid al cielo”.

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She has heard about it a few times before but she had never tired to check it. It’s a shame when we don’t have the time to stop a few minutes to contemplate something. Well, when we don’t have time or when we think we don’t have that time. 

It was true that dawn in this city is different to any other. She had seen many dawns in many different places and, probably, more beautiful. Dawns next to the sea, from the top of a mountain, in tiny villages of white houses and dark roofs, and even in the middle of the forest. But when the night starts to fall upon Madrid, the city looks different. Specially during spring and autumn. Red, orange and purple tones are mixed with the light blue sky and the grey concrete. There are colours that cannot be seen anywhere else, maybe in a far planet in another galaxy, or in another universe. It could be that such beauty is just due to a mixture of smoke from cars, heating vapours and warm asphalt. But I believe it’s due to another thing. I’ve seen dusk in to her big cities like London, Paris or New York, and they’re not like that. I believe is the city that is different and that is why twilight is so special. 

Such a shame not having notice before. Such a shame it was precisely now when she realised. She was always so absent, always running, always in a hurry… So much so that she didn’t see the car approaching. When she heard the scream it was too late. Laying down on the pavement she could contemplate the sky in all its splendour. She didn’t feel anything, she didn’t hear anything. She just looked at shred of violet clouds quickly moving upon her. She neither heard the sirens coming at full speed. She just kept watching the sky and thinking of that popular saying “from Madrid to heaven”.

Ya no pienso en ti / I never think of you

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Ya no pienso en ti. Ya no recuerdo nada de ti. Ya no recuerdo aquel mechón que siempre rebelde que caía indolente sobre tu frente. Ya no recuerdo cómo te mordías el labio inferior distraídamente cuando algo te preocupaba. Tampoco recuerdo cómo conseguías erizarme el vello de la nuca cuando, sigilosamente, te acercabas por la espalda y me susurrabas que me querías. Ni tampoco de aquel lunar con forma de trébol en tu espalda que me gustaba dibujar con mis dedos. Ya no he vuelto a pensar en cómo cambiaba el color de tus ojos cuando la luz del sol we reflejaba en ellos. Ya se me ha olvidado cómo era despertar a tu lado. Tampoco he vuelto a pensar en la suavidad de tus besos, en la fuerza de tus abrazos, en la delicadeza de tus caricias.

¿Lo ves? Ya no he vuelto a pensar en ti. Ya te he olvidado.

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I don’t think of you anymore. I don’t remember anything about you. I don’t remember anymore that  unmanageable lock that used to fall over your forehead. I don’t remember anymore how you used to bite your lip absently when you were worried. Neither do I remember how you used to give me goosebumps when you walked quietly towards my back and whispered that you loved me. Neither do I remember that mole in a clover shape on your back that I used to draw with my fingers. I haven’t thought again about how your eyes changed colour when sunlight was reflected on them. I’ve already forgotten what it was to wake up by your side. I haven’t thought again about the softness of your kisses, the strength of your hugs, the tenderness of your caresses.

You see? I haven’t thought of you anymore. I’ve already forgotten you.

Como tú / Like you

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Quisiera ser cómo tú, que dicen que no le das tantas vueltas a las cosas. Tú que asumes que un error es un error y lo usas para aprender de él, no para atormentarte por cómo podrías haberlo hecho bien.

Quisiera ser como tú, que dicen que estás hecha a prueba de balas. Tú que recibes golpes por doquier sin apenas inmutarte, sin que las balas que te lanza la vida lleguen siquiera a rozarte mientras avanzas implacable hacia tu destino.

Quisiera ser como tú, que dicen que observas con calma los acontecimientos a tu alrededor, sin alterarte. Tú que emanas sosiego y contagias con tu paz a los que buscan consuelo.

Quisiera ser como tú, que dicen que estás hecha a prueba de lluvia. Tú que en mitad de la tempestad no pareces verte afectada por las lluvias torrenciales que calan hasta los huesos de los más fuertes, inundando sus corazones de temor y desesperanza.

Quisiera ser como tú, como dicen los demás que eres, aunque yo no lo vea. Tan fuerte y tan valiente, tan atrevida y tan optimista como dicen que eres… aunque yo no lo vea. Porque lo que yo veo es una coraza que parece a prueba de balas y a prueba de lluvia, pero que no protege un cuerpo cubierto de cicatrices y  magulladuras, con unos huesos tan empapados que se deshacen como el papel ante cada nueva embestida. Eso es lo que yo veo cuando me miro en el espejo. Y aún así, quisiera ser como tú, como la que me devuelve el espejo, como la que ven los demás. Quisiera ser como tú, aunque tú y yo sepamos que no eres de verdad.

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I’d like to be like you who is said not to think things over. You who assume a mistake is just a mistake and use it to learn from it and not to torment yourself for how you could have done it better.

I’d like to be like you who is said to be bulletproof. You who get beaten again and again without even noticing, bullets thrown at you by life passing you by while you keep going inexorably towards your destiny.

I’d like to be like you who is said to watch calmly the events around you. You who radiate placidity and transmit your peace to those who seek for comfort.

I’d like to be like you who is said to be waterproof. You who, in the middle of the storm, seem to be unaffected by torrential rains that penetrate to the bones of the strongest, flooding their hearts with fear and hopelessness.

I’d like to be like you, like other say you are although I can’t see it. As strong and brave, as bold and optimistic as they say you are… although I can’t see it. Because what I see is a shield that seems to be bulletproof and waterproof but cannot protect that body covered in scars and bruises, with its bones so soaked that they dissolve like paper with every impact. That is what I see when I look into the mirror. And even though, I’d like to be like you, like the one who looks me back from the mirror, like the one the others see. I’d like to be like you although we both know you are not real.

La estatua

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Nunca nadie supo de dónde o a través quién había aparecido esa estatua en el parque. Surgió de la noche a la mañana, junto a uno de los estanques alejados de los senderos. Al principio los vecinos creyeron que la habría colocado el ayuntamiento, pero al cabo de algunas semanas de rumores y coloquios entre habituales del parque, jardineros y trabajadores, nadie podía explicar la aparición de la misteriosa estatua. Las instituciones negaban su participación en el asunto y los trabajadores del parque no podían entender cómo nadie había visto colocar allí la estatua si el parque se cerraba por las noches y siempre había alguien recorriendo sus caminos, disfrutando de sus estanques y de sus bancos. ¡Alguien tenía que haber visto algo! Todo el mundo negaba saber algo y sin embargo, allí estaba. Una figura de mujer joven, no demasiado grande, que, a pesar de estar hecha de mármol, daba sensación de ligereza y suavidad. En su rostro blanquecino y ovalado parecía dibujar una sonrisa a escondidas, como cuando uno se ríe de algo que solamente él mismo entiende. Los ojos grandes y almendrados parecían querer retenerlo todo en sus inertes pupilas. En las manos sostenía lo que parecía un libro o una libreta, no podría jurar cuál de las dos. Era bonita, la verdad. Y por eso los vecinos protestaron fervientemente cuando el ayuntamiento hizo un intento de retirarla de allí. Total, ¿qué daño podía hacer? Además, quedaba bien y hasta algunos ancianos decían que sentían cómo les hacía compañía en las largas tardes de verano. No, no querían que llevaran a la chica del parque. Así la bautizaron, y con ese nombre llegó a mis oídos la historia. Yo conocía el parque de siempre, de toda la vida. Mis padres eran del barrio y yo crecí allí, cuando los niños jugábamos en la calle durante horas hasta que nuestros padres venían a buscarnos al caer el sol. De vez en cuando seguía adentrándome entre sus parterres, arbustos y arboledas, aunque cada vez con menos frecuencia. Pero quería conocer con mis propios ojos a la tan famosa estatua, así que aprovechando una de las pocas tardes libres de las que disponía, me acerqué a los jardines cuando la luz del atardecer empezaba a pintar la ciudad con sus cálidos colores. La encontré sin dificultad. La di una vuelta primero, como para verla en su conjunto. A primera vista no tenía nada de especial. Después me paré frente a ella, como para presentarme. Era más bajita que yo y, a causa de lo avanzado de la tarde, su rostro empezaba a estar en la penumbra. Pero aun así, al fijarme en sus ojos, sentí algo que aún hoy no puedo explicar. Me pareció como si ya la conociese. Y no me refiero al hecho de haberla visto antes, si no a conocerla de verdad, en el estricto sentido de la palabra. Un “estás fatal” escapó suavemente de mis labios mientras negaba con la cabeza, en un vano intento de sacudirme esas fantasiosas ideas de la cabeza. Eché un último vistazo y me apresuré a salir del parque antes de que cerraran las verjas durante la noche. Cuando llegué a casa ya casi había olvidado lo ocurrido. Era una noche calurosa así que me di una ducha y me tumbé en la cama sobre las sábanas, dejándome acunar por los ruidos y las luces de la noche urbana. Me desperté sobresaltado cuando, en ese duermevela en el que me encontraba, de repente lo vi claro. ¡La chica del parque era realmente la chica del parque! Quiero decir que la estatua a la que llamaban así era realmente la chica del parque que yo conocía. La había visto unas cuantas veces nada más, siempre sola, deambulando por senderos y caminos o sentada en el banco del estanque, siempre medio abstraída, sin mediar palabra, pero dispuesta a sonreír a cualquiera que se encontrase en su camino. Siempre con una libreta en la mano en la que solía escribir y garabatear mientras estaba en el parque. ¿Podría ser la estatua un homenaje a la chica del parque? ¿Por qué? ¿Acaso era alguien especial? No tenía respuestas a tantas preguntas pero me prometí que lo averiguaría. Y así lo hice. Pregunté a vecinos, a paseantes y jardineros. Algunos la recordaban, sobre todo los trabajadores del parque. Especialmente el más antiguo de ellos. Recordaba que solía ir por las mañanas, cuando más tranquilo estaba, y se pasaba horas caminando, haciendo fotografías, o sentada en el banco del estanque, libreta en mano, como en otro mundo. Apenas había cruzado palabra con ella pero siempre le pareció amable y educada. Era cierto que la estatua se parecía bastante a ella, concedió el jardinero. Y ahora que lo mencionaba, desde que apareció la estatua no había vuelto a verla. “Qué curioso, ¿verdad?” mencionó como de pasada mientras volvía a sus tareas, sin darle mayor importancia. Pero yo no pude evitar recordar la sensación que tuve la primera vez que miré a los ojos de la estatua, como si la conociera realmente. Me repetí una y otra vez a mí mismo que debía estar loco, que la mera idea que había cruzado mi mente era la mayor ridiculez que se me había ocurrido jamás. Eso no podía ser verdad. ¿O sí?