Lluvia en el camino / Rain in our way

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No estamos en silencio. Hay ruido a nuestro alrededor pero apenas lo notamos. Se escucha la voz del locutor de una emisora cualquiera de fondo, casi como si el sonido llegase de fuera del coche. Las gotas de lluvia contra los cristales del coche distorsionan aún más las notas procedentes de la radio y el mecánico y constante movimiento de los limpiaparabrisas barre la lluvia como unas pocas horas antes mis propias manos barrían las lágrimas de mis mejillas. 

Apenas hay tráfico. Es ya muy tarde y sólo de cuando en cuando nos cruzamos con otro coche pasando junto a nosotros como una estrella fugaz, una luz que dura apenas unos segundos. Las otras luces, las de las calles, nos indican el camino a casa, también como las estrellas que antaño guiaban a los marineros en la inmensidad del océano. 

El semáforo cambia a rojo y reducimos la velocidad hasta detenernos. Paro el limpiaparabrisas mientras tanto porque me disgusta el chirrido constante de la goma contra el cristal. Quizás debería pensar en cambiarlos. Ahora las luces del semáforo se distorsionan con la lluvia, casi parecen derretirse. 

Debería hacerlo ahora. Debería pedirte perdón por las cosas que he hecho. Pero sobre todo, pedirte perdón por las que no he hecho. Por los besos que no te he dado. Por las veces que se me encogieron los brazos cuando ibas a estrecharme entre los tuyos. Por las veces que pensé en llamarte y lo dejé para otro momento. Por los mensajes a los que no respondí. Por las promesas que nunca cumplí. Por las veces que no te di las gracias y, sobre todo, por las que no te dije te quiero. Esas son las que se van filtrando poco a poco, gota a gota, y que, como la lluvia que descarga sobre nosotros, se diluyen en el mar del tiempo para no volver jamás. 

Trago saliva y me dispongo a hablar. El claxon del coche de atrás ahoga el tenue sonido de mi voz. El semáforo ha cambiado a verde pero seguimos parados. El otro conductor se impacienta y vuelve a pitar. Nos ponemos en marcha. Vuelvo a conectar los limpiaparabrisas y por un momento mi visión es lúcida y clara. Pero la tormenta arrecia y en seguida todo se distorsiona y se deforma. Y todo pasa. Se me encoge la lengua y se me olvidan las palabras.”Ahora no es el momento” me digo mientras te miro de soslayo, en una vano intento de engañarme a mí misma. Sé que nunca encontraré el momento hasta que sea demasiado tarde. Y se me arruga el corazón con mi propia cobardía. En la radio suenan los primeros acordes de ‘Days’ de The Kinks. Subo el volumen con la absurda esperanza de que te des cuenta de lo que quiero decir, pero soy consciente de lo ridículo de la idea. “Me gustaría que esta canción sonase en mi funeral”. Me miras brevemente y sacudes la cabeza ligeramente, y no soy capaz de saber si es por diversión o por resignación. 

La canción sigue sonando mientras seguimos nuestro camino hacia casa, como en una especie de metáfora de la vida donde hablamos sin decir las cosas, miramos sin ver, nos movemos sin avanzar. Estamos vivos pero no vivimos. 

         ♠️   ♠️   ♠️

We are not in silence. There is noise around us but we barely notice it. We can hear the voice from some radio station in the background, as if the sound came from outside the car. Rain drops against the glass distort even more the notes coming from the radio, and the constant and mechanical movement of the wind screen wiper sweeps the rain away like, a few hours ago, my hands swept my tears away from my cheeks.

There is almost no traffic. It’s very late and just from time to time we find another car passing by next to us like a shooting star, a light shinning a few seconds. The other lights, from the streets, show us the way home, like other stars that once guided sailors in the immensity of the ocean.

The traffic light turns red and we slow down until we stop. I turn off the wind screen wiper meanwhile because I dislike the continuous squeal of the rubber against the glass. I might think about changing them. Now the lights of the traffic lights get distorted like they were melting.

I should dot it now. I should apologise for the things I have done. But above all, I should apologise to you for the things I haven’t done. For the kisses I didn’t give to you. For all those times my arms withdrew when you were about to hold me in yours. For all the times I thought of calling you and I decided to leave it for another moment. For the messages I didn’t reply to. For the promises I never kept. For all those times I didn’t say thank you and, especially, for those times I didn’t say I love you. These are those that filtrate slowly, drop by drop, and, like the rain pouring over us, dilute into the sea of time to never return. 

I swallow and prepare myself to speak. The horn from the car behind muffles the soft sound of my voice. The traffic lights have turned green but we are still. The other driver gets impatient and make it sound again. We get on the move. I turn on the wind screen wiper again and for a moment my vision is lucid and clear. But the storm gets worse and suddenly everything is distorted and deformed. And all is passed. My tongue shrinks and I forget the words. “Now is not the time” I say to myself while I look sideways at you in a vane try to fool myself. I know I will never find the moment until it is too late. And my heart sunks due to my own cowardly. The radio plays the first notes of ‘Days’ from The Kinks. I turn up the volume absurdly hoping you will realise what I want to say, but I’m aware of how ridiculous the idea is. “I’d like this song to be played at my funeral”. You briefly look at me and shake your head softly, but I can’t tell if it’s for fun or for resignation.

The song keeps onwhile we go our way home, like some kind of metaphor of life where we speak but say nothing, we look without seeing, we are in motion but we don’t move forward; where we are alive but we don’t live. 

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Atardecer en Madrid / Dusk in Madrid

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Lo había escuchado otras veces pero nunca se había parado a comprobarlo. Qué pena cuando no tenemos tiempo de pararnos unos minutos a contemplar algo. Bueno, cuando no tenemos o, más bien, cuando creemos que no tenemos tiempo. Era cierto que el atardecer de esta ciudad es distinto a los demás. Había visto muchos atardeceres, en muchos sitios distintos, y seguramente más bonitos. Atardeceres junto al mar, desde lo alto de la montaña, en pequeños pueblos de casas blancas y tejados oscuros, y hasta en mitad del bosque. Pero cuando la noche comienza a caer sobre Madrid, la ciudad parece distinta. Sobre todo en primavera y en otoño. Los tonos rosas, naranjas y púrpuras se mezclan con el celeste del cielo y el gris del cemento. Son colores que no se ven en otros lugares salvo, quizás, en algún lejano planeta en otra galaxia, o en otro universo. Es posible que tanta belleza se deba sólo a una mezcla de humos de coche, vapores de calefacción y calor asfáltico. Pero yo creo que es otra cosa. He visto anocheceres en otras grandes ciudades como Londres, París o Nueva York, y no son así. Yo creo que es la ciudad la que es distinta y por eso el ocaso es tan especial como ella. 

Qué pena no haberse fijado antes. Qué pena que fuera precisamente ahora cuando se daba cuenta. Siempre tan abstraída, siempre corriendo, siempre con prisa… tanto es así que no vio el coche acercarse. Cuando escuchó los gritos ya era tarde. Tumbada sobre el suelo podía contemplar el cielo en todo su esplendor. No sentía nada, no escuchaba nada. Sólo miraba jirones de nubes violetas desplazarse sobre ella con rapidez. Tampoco oyó las sirenas que se acercaban a toda velocidad. Sólo siguió escrutando el cielo recordando el dicho popular “de Madrid al cielo”.

                 ♠️♠️♠️♠️

She has heard about it a few times before but she had never tired to check it. It’s a shame when we don’t have the time to stop a few minutes to contemplate something. Well, when we don’t have time or when we think we don’t have that time. 

It was true that dawn in this city is different to any other. She had seen many dawns in many different places and, probably, more beautiful. Dawns next to the sea, from the top of a mountain, in tiny villages of white houses and dark roofs, and even in the middle of the forest. But when the night starts to fall upon Madrid, the city looks different. Specially during spring and autumn. Red, orange and purple tones are mixed with the light blue sky and the grey concrete. There are colours that cannot be seen anywhere else, maybe in a far planet in another galaxy, or in another universe. It could be that such beauty is just due to a mixture of smoke from cars, heating vapours and warm asphalt. But I believe it’s due to another thing. I’ve seen dusk in to her big cities like London, Paris or New York, and they’re not like that. I believe is the city that is different and that is why twilight is so special. 

Such a shame not having notice before. Such a shame it was precisely now when she realised. She was always so absent, always running, always in a hurry… So much so that she didn’t see the car approaching. When she heard the scream it was too late. Laying down on the pavement she could contemplate the sky in all its splendour. She didn’t feel anything, she didn’t hear anything. She just looked at shred of violet clouds quickly moving upon her. She neither heard the sirens coming at full speed. She just kept watching the sky and thinking of that popular saying “from Madrid to heaven”.

Ya no pienso en ti / I never think of you

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Ya no pienso en ti. Ya no recuerdo nada de ti. Ya no recuerdo aquel mechón que siempre rebelde que caía indolente sobre tu frente. Ya no recuerdo cómo te mordías el labio inferior distraídamente cuando algo te preocupaba. Tampoco recuerdo cómo conseguías erizarme el vello de la nuca cuando, sigilosamente, te acercabas por la espalda y me susurrabas que me querías. Ni tampoco de aquel lunar con forma de trébol en tu espalda que me gustaba dibujar con mis dedos. Ya no he vuelto a pensar en cómo cambiaba el color de tus ojos cuando la luz del sol we reflejaba en ellos. Ya se me ha olvidado cómo era despertar a tu lado. Tampoco he vuelto a pensar en la suavidad de tus besos, en la fuerza de tus abrazos, en la delicadeza de tus caricias.

¿Lo ves? Ya no he vuelto a pensar en ti. Ya te he olvidado.

                          ♠️♠️♠️♠️

I don’t think of you anymore. I don’t remember anything about you. I don’t remember anymore that  unmanageable lock that used to fall over your forehead. I don’t remember anymore how you used to bite your lip absently when you were worried. Neither do I remember how you used to give me goosebumps when you walked quietly towards my back and whispered that you loved me. Neither do I remember that mole in a clover shape on your back that I used to draw with my fingers. I haven’t thought again about how your eyes changed colour when sunlight was reflected on them. I’ve already forgotten what it was to wake up by your side. I haven’t thought again about the softness of your kisses, the strength of your hugs, the tenderness of your caresses.

You see? I haven’t thought of you anymore. I’ve already forgotten you.

Como tú / Like you

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Quisiera ser cómo tú, que dicen que no le das tantas vueltas a las cosas. Tú que asumes que un error es un error y lo usas para aprender de él, no para atormentarte por cómo podrías haberlo hecho bien.

Quisiera ser como tú, que dicen que estás hecha a prueba de balas. Tú que recibes golpes por doquier sin apenas inmutarte, sin que las balas que te lanza la vida lleguen siquiera a rozarte mientras avanzas implacable hacia tu destino.

Quisiera ser como tú, que dicen que observas con calma los acontecimientos a tu alrededor, sin alterarte. Tú que emanas sosiego y contagias con tu paz a los que buscan consuelo.

Quisiera ser como tú, que dicen que estás hecha a prueba de lluvia. Tú que en mitad de la tempestad no pareces verte afectada por las lluvias torrenciales que calan hasta los huesos de los más fuertes, inundando sus corazones de temor y desesperanza.

Quisiera ser como tú, como dicen los demás que eres, aunque yo no lo vea. Tan fuerte y tan valiente, tan atrevida y tan optimista como dicen que eres… aunque yo no lo vea. Porque lo que yo veo es una coraza que parece a prueba de balas y a prueba de lluvia, pero que no protege un cuerpo cubierto de cicatrices y  magulladuras, con unos huesos tan empapados que se deshacen como el papel ante cada nueva embestida. Eso es lo que yo veo cuando me miro en el espejo. Y aún así, quisiera ser como tú, como la que me devuelve el espejo, como la que ven los demás. Quisiera ser como tú, aunque tú y yo sepamos que no eres de verdad.

        ♠️♠️♠️♠️

I’d like to be like you who is said not to think things over. You who assume a mistake is just a mistake and use it to learn from it and not to torment yourself for how you could have done it better.

I’d like to be like you who is said to be bulletproof. You who get beaten again and again without even noticing, bullets thrown at you by life passing you by while you keep going inexorably towards your destiny.

I’d like to be like you who is said to watch calmly the events around you. You who radiate placidity and transmit your peace to those who seek for comfort.

I’d like to be like you who is said to be waterproof. You who, in the middle of the storm, seem to be unaffected by torrential rains that penetrate to the bones of the strongest, flooding their hearts with fear and hopelessness.

I’d like to be like you, like other say you are although I can’t see it. As strong and brave, as bold and optimistic as they say you are… although I can’t see it. Because what I see is a shield that seems to be bulletproof and waterproof but cannot protect that body covered in scars and bruises, with its bones so soaked that they dissolve like paper with every impact. That is what I see when I look into the mirror. And even though, I’d like to be like you, like the one who looks me back from the mirror, like the one the others see. I’d like to be like you although we both know you are not real.

La estatua

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Nunca nadie supo de dónde o a través quién había aparecido esa estatua en el parque. Surgió de la noche a la mañana, junto a uno de los estanques alejados de los senderos. Al principio los vecinos creyeron que la habría colocado el ayuntamiento, pero al cabo de algunas semanas de rumores y coloquios entre habituales del parque, jardineros y trabajadores, nadie podía explicar la aparición de la misteriosa estatua. Las instituciones negaban su participación en el asunto y los trabajadores del parque no podían entender cómo nadie había visto colocar allí la estatua si el parque se cerraba por las noches y siempre había alguien recorriendo sus caminos, disfrutando de sus estanques y de sus bancos. ¡Alguien tenía que haber visto algo! Todo el mundo negaba saber algo y sin embargo, allí estaba. Una figura de mujer joven, no demasiado grande, que, a pesar de estar hecha de mármol, daba sensación de ligereza y suavidad. En su rostro blanquecino y ovalado parecía dibujar una sonrisa a escondidas, como cuando uno se ríe de algo que solamente él mismo entiende. Los ojos grandes y almendrados parecían querer retenerlo todo en sus inertes pupilas. En las manos sostenía lo que parecía un libro o una libreta, no podría jurar cuál de las dos. Era bonita, la verdad. Y por eso los vecinos protestaron fervientemente cuando el ayuntamiento hizo un intento de retirarla de allí. Total, ¿qué daño podía hacer? Además, quedaba bien y hasta algunos ancianos decían que sentían cómo les hacía compañía en las largas tardes de verano. No, no querían que llevaran a la chica del parque. Así la bautizaron, y con ese nombre llegó a mis oídos la historia. Yo conocía el parque de siempre, de toda la vida. Mis padres eran del barrio y yo crecí allí, cuando los niños jugábamos en la calle durante horas hasta que nuestros padres venían a buscarnos al caer el sol. De vez en cuando seguía adentrándome entre sus parterres, arbustos y arboledas, aunque cada vez con menos frecuencia. Pero quería conocer con mis propios ojos a la tan famosa estatua, así que aprovechando una de las pocas tardes libres de las que disponía, me acerqué a los jardines cuando la luz del atardecer empezaba a pintar la ciudad con sus cálidos colores. La encontré sin dificultad. La di una vuelta primero, como para verla en su conjunto. A primera vista no tenía nada de especial. Después me paré frente a ella, como para presentarme. Era más bajita que yo y, a causa de lo avanzado de la tarde, su rostro empezaba a estar en la penumbra. Pero aun así, al fijarme en sus ojos, sentí algo que aún hoy no puedo explicar. Me pareció como si ya la conociese. Y no me refiero al hecho de haberla visto antes, si no a conocerla de verdad, en el estricto sentido de la palabra. Un “estás fatal” escapó suavemente de mis labios mientras negaba con la cabeza, en un vano intento de sacudirme esas fantasiosas ideas de la cabeza. Eché un último vistazo y me apresuré a salir del parque antes de que cerraran las verjas durante la noche. Cuando llegué a casa ya casi había olvidado lo ocurrido. Era una noche calurosa así que me di una ducha y me tumbé en la cama sobre las sábanas, dejándome acunar por los ruidos y las luces de la noche urbana. Me desperté sobresaltado cuando, en ese duermevela en el que me encontraba, de repente lo vi claro. ¡La chica del parque era realmente la chica del parque! Quiero decir que la estatua a la que llamaban así era realmente la chica del parque que yo conocía. La había visto unas cuantas veces nada más, siempre sola, deambulando por senderos y caminos o sentada en el banco del estanque, siempre medio abstraída, sin mediar palabra, pero dispuesta a sonreír a cualquiera que se encontrase en su camino. Siempre con una libreta en la mano en la que solía escribir y garabatear mientras estaba en el parque. ¿Podría ser la estatua un homenaje a la chica del parque? ¿Por qué? ¿Acaso era alguien especial? No tenía respuestas a tantas preguntas pero me prometí que lo averiguaría. Y así lo hice. Pregunté a vecinos, a paseantes y jardineros. Algunos la recordaban, sobre todo los trabajadores del parque. Especialmente el más antiguo de ellos. Recordaba que solía ir por las mañanas, cuando más tranquilo estaba, y se pasaba horas caminando, haciendo fotografías, o sentada en el banco del estanque, libreta en mano, como en otro mundo. Apenas había cruzado palabra con ella pero siempre le pareció amable y educada. Era cierto que la estatua se parecía bastante a ella, concedió el jardinero. Y ahora que lo mencionaba, desde que apareció la estatua no había vuelto a verla. “Qué curioso, ¿verdad?” mencionó como de pasada mientras volvía a sus tareas, sin darle mayor importancia. Pero yo no pude evitar recordar la sensación que tuve la primera vez que miré a los ojos de la estatua, como si la conociera realmente. Me repetí una y otra vez a mí mismo que debía estar loco, que la mera idea que había cruzado mi mente era la mayor ridiculez que se me había ocurrido jamás. Eso no podía ser verdad. ¿O sí?

The shop window / El escaparate

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The first time he saw her was in winter. She was wrapped in layers of wool and cloth and you could barely see her big brown eyes framed in a porcelain face. He thought their gazes met though it was hard to say through the glass of the shop window. A glass that have always kept them apart since then and, in spite of which, he fell deeply in love with her. But now he knew he won’t she her again. The shop was closing down and all the crew would be dismissed, even him,who would end up in a dark store among other mannequins looking forward to meet her again someday, in front of his shop window.

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La primera vez que la vió era invierno. Iba envuelta en capas de abrigo, lana y paño y apenas se distinguían sus grandes ojos marrones enclavados en una rostro de porcelana. Le pareció que sus miradas se cruzaban aunque era difícil decirlo a través del cristal del escaparate. Un cristal que siempre les había separado desde entonces y, pese a lo cuál, se enamoró perdidamente de ella. Ahora sabía que ya no volvería a verla. La tienda cerraba y todo el personal sería despedido, incluído él, que acabaría en algún oscuro almacén junto a otros maniquíes esperando volver a encontrarla algún día, frente a su escaparate. 

The Train / El tren

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She liked trains. That power, that robustness, made her feel confident. There are not so many things as certain as the fact that if you follow a railway, whichever it is, no matter where from, it will take you somewhere eventually, even if you don’t know where you are going. That is why she used to spend so much time in that bench at the station, watching people and machines coming and going, always in motion, always with a fixed objective.

She came closer to the edge of the platform while listening to the locomotive approaching the station. She always felt extremely moved by the wake of vapour the machine left. It reminded her, somehow, the mane of mare running fast.

The  locomotive came into the station and its whiste flooded the place, resounding among the buildings. That was the last thing she heard. She didn’t hear the witnesses crying when they saw her falling in front of the train. It didn’t matter anymore. At the end she proved she was right. The railway always lead you somewhere, there is always a final destination, even if it is the end of your own life.

♠ ♠ ♠ ♠

Le gustaban los trenes. Esa potencia, esa robustez, le aportaba confianza. Hay pocas cosas tan seguras como el hecho de que si sigues un vía, sea cual sea, no importa desde dónde, acabará por llevarte a alguna parte, incluso si no sabes dónde vas. Por eso pasaba tanto tiempo en aquel banco de la estación, contemplando las idas y venidas de máquinas y personas, siempre en movimiento, siempre con un objetivo predeterminado.

Se acercó al borde del andén mientras escuchaba el retumbar de la locomotora aproximándose a la estación. Siempre le producía una inmensa emoción observar la estela de vapor que dejaba. Le recordaba, de algún modo, la melena de una yegua a la carrera.

El silbido de la maquinaria al entrar en la estación inundó el espacio, retumbando entre los recovecos de los edicifios. Fue lo último que escuchó. No escuchó los aullidos de los testigos al verla caer frente al tren. Ya daba igual. Al final se demostró que tenia razón. Las vías del tren siempre conducen a alguna parte, siempre tienen un destino final, aunque sea el de la propia vida.

Lovers / Amantes

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In these dark days, full of uncertainty, fear, sorrow and hatred I wanted to reclaim a story I already knew long time ago but I had forgotten.A few months ago, enjoying a few days off, we decided to visit Teruel. I had already been here when I was seven or eight years old (it’s been a while!). Obviously, I didn’t remember anything about the town except for one thing: the sarcophagus of Diego and Isabel, the lovers of Teruel, whose 800th anniversary has just been this year. Why, among all the wonders in that beautiful place, should I remember that image? I don’t know, perhaps this story so full of mystery even nowadays, so beautiful but so painful, remained somehow stuck in a little girl’s subconscious. Although when we arrived there I couldn’t even remember if it was a real story or not. 

And apparently it is, or at least that’s what the very few proofs they have confirm: some judicial documents from more than 500 years ago, popular knowledge and, of course, the mummies of the couple. 

The story says that Isabel and Diego, members of two important families from Teruel, knowing each other since they were children, ended up falling in love. They wanted to get married but, despite Diego’s family was extremely wealthy, he was the second child what means he wouldn’t inherited anything. And that’s why Isabel’s family refused to allow the union. Their wish to marry was so that Diego asked Isabel to wait for him five years, time he would use to go and fight in the Crusades in Holy Land to win fame, prestige and riches so he could offer an appropriate dowry and get Isabel’s father consent.

When Diego returned to town, he found out that Isabel, following her father wishes, had got married with a very important noble. In his desperation, Diego managed to get into Isabel’s house at night, and getting to talk to her, he asked for one kiss, just one kiss, but Isabel refused because she didn’t want to disrespect her husband. And in that very moment, Diego stroke down dead, instantly, at her feet.

It was next day, while Diego’s funeral procession was passing by the streets when a woman in black came close to the body, wracked in pain. When she took the veil away from her face, they saw she was no one else but Isabel, who wanted to offer him the kiss she had refused previously. She held Diego’s body, put her lips into his lover’s and, just after she moved away and without a word, she stroke down dead in front of Diego’s body.

And that is all what legend tells us, remaining a mystery the real cause of their deaths or if the mummies found in Saint Peter’s church buried in an unusual way belong to them, although investigations have determined the mummies are from the same period Isabel and Diego lived. But, beyond the truth or legend hidden in the mystery of these lovers, and despite the tragic end, I wanted to keep the peculiarity of this story regarding others. In this one there are no revenge, no hatred, no jealousy, no violence or suicides. It was, in fact, Isabel’s husband who, knowing the whole story, told everybody so they could be buried together to rest forever one next to the other because they couldn’t do it in life. 

So don’t we forget the power love give us. 

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En estos días oscuros de incertidumbre, miedo, tristeza y odio entre hermanos quería reivindicar una historia que ya conocía desde hace muchos años pero que había olvidado. 

Hace unos meses, aprovechando los últimos días de vacaciones, decidimos visitar Teruel. Yo ya había estado allí cuando tenía siete y ocho años (anda que no ha llovido desde entonces). Obviamente, no recordaba nada de la ciudad excepto una cosa, una sola cosa: los sarcófagos de Diego e Isabel, los amantes de Teruel – de los que precisamente se cumplen 800 años del acontecimiento. ¿Por qué, de entre todas las maravillas de tan bonita ciudad habría de quedarme con esa imagen? No lo sé, quizás esa historia tan llena de misterio aún hoy en día, tan bonita pero rodeada de tanto dolor, se quedó de alguna forma grabada en el subconsciente en una niña pequeña. Aunque cuando llegué esta vez ni siquiera recordaba si era una historia real o no. 

Pues parece que sí, o al menos eso indican las pocas pruebas de las que se disponen: algunos documentos judiciales de hace más de 500 años, el saber popular y, por supuesto, las momias de la pareja. 

La historia cuenta que Isabel y Diego, pertenecientes a dos familias importantes de Teruel, conociéndose desde niños, acabaron enamorándose. Su deseo era casarse pero, aun siendo la familia de Diego extremadamente rica, él era el segundo hijo lo que en aquella época significaba que no heredaría absolutamente nada. Y es por ello que la familia de Isabel se negaba a la unión. Tanto era su afán por casarse que Diego le pidió a Isabel cinco años de plazo durante los que él se encontraría en Tierra Santa luchando en las cruzadas para ganar fama, prestigio y capital con los que poder ofrecer una dote digna y obtener el beneplácito del padre de Isabel. 

A su regreso a la ciudad, Diego se encontró con que Isabel, a instancias de su padre, había contraído enlace con un importantísimo noble de la zona. Desesperado, logró colarse en la casa donde residía Isabel y, pudiendo hablar con ella le pidió al menos un beso, un único beso, a lo que Isabel se negó, por no faltar a su marido. Fue en ese mismo momento en el que Diego cayó muerto, instantáneamente, a los pies de Isabel. 

Fue al día siguiente, durante el cortejo fúnebre cuando, mientras procesionaban por las calles de la ciudad, una mujer enlutada se acercó al cadáver con evidentes muestras de dolor. Cuando esa mujer se retiró el velo del rostro, no era otra que Isabel que quería ofrecerle el beso que anteriormente le había negado. Se abrazó entonces al cuerpo de Diego, posó sus labios en los de su amado y, nada más retirarlos y sin mediar palabra, cayó fulminada, sin vida, ante el cadáver de Diego. 

Y hasta ahí reza la leyenda sin poder aclarar el motivo de sus muertes ni si realmente las momias encontradas en la iglesia de San Pedro, enterradas de forma extraña son la de los amantes, aunque los análisis científicos datan las momias en la misma época en la que vivieron Isabel y Diego. Pero más allá de la verdad o leyenda que esconde el misterio de estos amantes, y a pesar de su trágico final, me quedo con la particularidad de esta historia con respecto a otras. Aquí no hay venganzas, no hay odio, no hay celos o muertes violentas o suicidios. Fue, de hecho, el marido de Isabel el que, conociendo todo lo ocurrido, lo hizo saber para que ambos pudieran ser enterrados juntos para descansar eternamente uno al lado del otro, como no pudieron hacer en vida.

Así que no olvidemos el poder que nos otorga el amor. 

What a mind 

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My mind is a funny one. She (referring myself to my own mind as an independent subject is quite a thing, isn’t it? I should get that checked, I guess) is willing to forget some kind of stuff, sometimes quite important stuff, such as people names, dates, protocols or lists I should remember for work or important things to do. However, she choses to remember all kind of random things, many of them absolutely useless, even facts about past civilizations or unknown artists nobody cares about, but I still remember them anyway. She also remembers mistakes I have made, and more than that, she keeps me reliving them over and over. You could say it is good thing because if we know and accept our mistakes we will be able not to make them again. But when what actually happens is that you get stuck in a loop, seeing yourself in that situation, not being able to change a thing but feeling as bad as when you realized how badly you messed things up, it is not that good. You keep awake at night going over and over it, you have “intruders” thoughts in any moment and it keeps going like that for days or weeks, just until you blunder again. 

But you know what is good about this silly mind of mine? Those awkward insignificant details she remembers. The first I met I friend, her first words and what she was wearing (despite I’m not sure what I had for lunch yesterday). The first hug another friend gave me when we finally met after many months just chatting via internet. The first time I listened on the radio that song that turned my life upside down. The first time I took in my arms each one of my little monkeys. The day my friend told me by an SMS (no whatsapp by then) that her two boys were finally born, and I remember that text, where I was, what I ate that very night. That conversation via google between London and Spain, in the middle of the night, about life and love and work and ourselves. The first time I watched that song’s video and a new world opened in front of me. That time when someone told me I looked like Amelie, what I was wearing and what I was doing. That talk with a young salesman when he saw the DVD I was buying. The first letter I got in my mailbox when I moved to my own flat. That first day at college, who was the first person I talked to and where exactly I sat in the classroom. 

And so many other things that makes me smile every single time because I can see as I was watching TV, and I can feel as it just happened yesterday. And that is my mind and so, that is me in the end. Like that box we all have where we put lots of random stuff: cinema tickets, a stone from a beach, a lace from that present, a note in a paper tissue… Useless stuff we refuse to throw away despite we know we should because that have a huge value. 

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Mi mente funciona de una manera muy curiosa, y referirme a ella como si fuera un ente independiente llama la atención, no? Debería hacérmelo mirar. Está más que dispuesta a olvidar todo tipo de cosas, algunas de ellas importantes, como nombres, fechas, protocolos o listas que debería recordar para poder desempeñar mi trabajo, o cosas importantes pendientes de hacer. Sin embargo, elige recordar toda clase de cosas de forma aleatoria, muchas de ellas completamente inútiles como hechos sobre civilizaciones ya olvidadas o artistas desconocidos que a nadie importan, pero las recuerdo igualmente. También recuerda los errores que he cometido, y más que eso, me los hace revivir una y otra vez. Se podría decir que es algo bueno ya que si eres consciente de tus errores tienes menos posibilidades de volver a cometerlos. Pero cuando lo que realmente ocurre es que te quedas atrapada en un bucle, y te ves a ti misma en esa situación sin poder cambiar nada pero sintiéndote tan mal como cuando te diste cuenta de que habías metido la pata hasta el fondo, no es tan bueno. No puedes dormir por las noches pensando una y otra vez en ello, pensamientos intrusivos se cuelan en cualquier momento y así durante días o semanas, hasta que vuelvas a fastidiarla otra vez.

Pero ¿sabes lo bueno de esta estúpida mente mía? Esos detalles rarunos e insignificantes que es capaz de recordar. Cuando conocí a mi amiga y veo lo que llevaba puesto y las primeras palabras que me dijo (aunque tenga dudas sobre lo que comí ayer). El primer abrazo que otra amiga me dio cuando nos conocimos por fin después de meses de chatear por internet. La primera vez que escuché en la radio aquella canción que cambió mi vida. La primera vez que cogí en brazos a mis dos enanos. El día que mi amiga me dijo por SMS (nada de Whatspp por entonces) que sus dos mellizos ya habían nacido, y recuerdo ese mensaje, dónde lo recibí y que estaba comiendo. La conversación vía Google entre Londres y España en mitad de la noche acerca de la vida, el amor, el trabajo y nosotros mismos. La primera vez que vi el vídeo de aquella canción que abrió un mundo nuevo ante mis ojos. La vez que alguien me dijo que le recordaba a Amelie, lo que llevaba puesto y qué estaba haciendo. La conversación con el dependiente al ver el DVD que estaba comprando. La primera carta que encontré en el buzón de mi nuevo piso. El primer día de universidad, con quien hablé y dónde me senté exactamente. 

Y tantas otras cosas que me hacen sonreír todas y cada una de las veces porque puedo verlas como si estuviera viendo algo en la tele, porque las siento como si hubieran ocurrido justo ayer. Así que esa es mi mente y, por ende, esa soy yo. Como esa caja que todos tenemos y en la que vamos guardando todo tipo de cosas: entradas de cine, una piedra de aquella playa, la cinta que envolvía aquel regalo, aquella nota en una servilleta de papel… Cosas de poca utilidad que nos resistimos a tirar por tener un gran valor.

Viaje a Gales (última parte)

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30/6/2017

Hoy es el último día del coche. El desayuno ha sido genial porque nos lo ha preparado el assistant manager de la posada/pub que era un chicombre (dícese de la persona a la que llamar chico parece que se queda corto, pero hombre parece que es demasiado) encantador y estaba muy rico! Luego hemos ido a visitar el castillo del pueblo, Chepstow, que es espectacular. Y de ahí a la Abadía Tintern que es una de las más famosas (por no decir la más famosa) de Gales. Pero claro, el GPS a lo suyo, venga a recalcular ruta, y a perder señal GPS y… grrrr!!!! Qué ganas de deshacernos de él! Nos ha perdido hasta el último minuto, ya para despedirse por todo lo alto, cuando hemos puesto la dirección de la oficina de alquiler para devolver el coche… Nos ha vuelto a llevar al mismo rincón perdido que nos llevó nada más coger el coche al salir del aeropuerto. Al final lo hemos conseguido por nuestros propios medios y hemos llegado a tiempo para devolver el coche. ¡Hasta nunca cacharro del demonio!!

Y aunque la experiencia ha sido interesante, la verdad es que teníamos ganas de dejar el coche. Nos hemos estado quejando de las carreteras secundarias (por llamarles algo) pero son casi peor las autovías y las rotondas que no son redondas sino elípticas, con múltiples carriles en los que, si no te pones en el correcto desde el primer momento luego no puedes salir, y eso siempre que no tengas una rotonda dentro de otra rotonda. De hecho, hemos tenido que recorrer varias millas por la autovía en sentido contrario por no haber podido hacer la rotonda correctamente la primera vez. Y en un pequeño contratiempo casi tenemos un golpe, ¡justo en el último momento! Pero bueno, ha quedado todo en un susto.

Y para susto, la forma de conducir del taxista que nos ha llevado del aeropuerto al hotel. Madre mía, si llega a ser el primer día, yo me niego a coger el coche después. Qué manera de acelerar, de coger las curvas y meterse en las rotondas, de adelantar por el carril bus… Ra y yo íbamos con las uñas clavadas en las palmas de las manos.

Pero hemos llegado sanas y salvas al hotel que encima es una preciosidad (típica casa victoriana reformada en un barrio residencial de Cardiff). Hemos cenado en italiano que regentan tres sicilianos jóvenes donde la comida estaba deliciosa y donde nos hemos puesto un poquito “merry” como dicen por aquí, con el vino blanco. Menos mal que el hotel está a 5 minutos andando y podemos meternos en la cama directas.

01/07/2017

Hoy nos levantamos relativamente temprano porque lo primero que queremos hacer es ir a visitar la Doctor Who Experience (eso lo ha hecho Ra en mi honor), y ha sido una pasada! Incluso Raquel que no lo sigue se lo ha pasado bomba porque la primera parte es muy interactiva, paseando por el interior de la Tardis, luchando contra los Daleks y los Weeping Angels… Y luego el museo donde hay cantidad de cosas locas, las vestimentas, los personajes… Yo creo que merece mucho la pena (siempre y cuando conozcas algo, por poco que sea).

Como además está en la zona de la bahía, hemos aprovechado para cruzar toda la bahía por el “barrage” que aísla la bahía de Cardiff porque la idea era coger un autobús acuático para volver al centro de la ciudad y poder visitar el castillo, todo eso según la info que teníamos de los panfletos de la propia ciudad. Craso error porque sólo nos llevó de vuelta al otro lado de la bahía, donde está la Doctor Who Experience así que hemos tenido que coger un autobús normal que nos ha llevado directo al castillo.

Y allí es donde hemos tenido nuestro “fiasco” que siempre suele ocurrir en estos viajes, ese típico momento en el que sientes que te han tomado el pelo o que no deberías haber hecho esto o lo otro. ¿Por qué? Pues llegamos al castillo y el patio está lleno de tiendas de campaña de tipo medieval, gente disfrazada y montones de familias con niños pequeños porque resulta que ese fin de semana había una justa medieval y no se podía ver el castillo si no se pagaba la entrada completa incluyendo la justa, y encima había que pagar un extra por ver la casa gótica. A nosotras la justa nos daba igual pero como queríamos ver el castillo hemos pasado por el aro. Como la visita es guiada y tenemos una hora por delante, decidimos comer algo en la cafetería del castillo. Crasísimo error. Ponía que había sopa de tomate con pan así que lo pedimos pero nos sirven una taza de tomate triturado con pimienta sin pan ni nada que es una bomba para el estómago y aunque nos cobran un tercio de lo que en teoría costaba, al final dejamos la mitad porque está malísima. Nos vamos entonces a ver la casa gótica que es espectacular, y el resto del castillo. Como acabamos pronto y va a empezar la justa, aunque no tenemos especial interés, decidimos quedarnos ya que hemos pagado por ello. ¡Magnífico acierto! Los actores son absolutamente geniales, fue súper divertido y había uno de los escuderos, Mungo, que era un auténtico crack. Al final nos lo pasamos estupendamente y nos quedamos hasta el final de la justa.

Después ya nos vamos a recorrer las callejuelas del centro, a hacer las últimas compras, no sin encontrarnos decenas de despedidas de soltero/a. ¿Pero qué le pasa a esta gente? Hemos visto cantidad de despedidas y de bodas por todas partes!

Ya nos fuimos al hotel a ducharnos y a prepararnos para cenar. Pero resulta que como está un poco apartado del centro, ahí varios restaurantes y pubs cerca pero están todos hasta las trancas. Parece que hay un festival de verano en un parque cercano y está todo lleno. Nos debatimos entre qué hacer y al final nos acercamos al italiano de la noche anterior que está lleno, pero los chicos son tan majos que nos dicen que en media hora nos pueden hacer un hueco, así que, aunque estamos exhaustas de andar para arriba y para abajo, volvemos en media hora para comer (estábamos famélicas) y luego derechitas a la cama que estamos reventadas.

02/07/2017

Hoy es la despedida de Gales. Hemos pedido un taxi al aeropuerto para llegar con tiempo porque no hemos podido hacer el check in on line. Nos toca el taxista hablador aunque como son unos 25 minutos al aeropuerto acaba por cansarse de hablar y no obtener más que monosílabos por respuesta.

Pasamos los controles de seguridad, todo bien hasta que nos damos cuenta de que el avión de vuelta está lleno de fans de Justin Bebier (parece que el viernes dio un concierto en Cardiff). Menudo broche de oro. En algún momento del vuelo hasta la azafata les tiene que llamar la atención para que bajen el volumen de los videos que grabaron en el concierto y que no hacen más que reproducir y reproducir. Qué pesadilla.

Pero lo mejor está por llegar. El aterrizaje es horroroso. En teoría el tiempo era espectacular, no había viento… pero el avión pega unos bandazos tremendos. Hay una señora que no para de rezar, otra chica que respira en la bolsa de papel, y a Ra le da un ataque de risa nerviosa de ver el percal. Por fin tocamos tierra pero se nos hace más largo que un día sin pan.

Y volvemos a casa. Han sido unos días espectaculares y le hemos pasado genial. Hemos disfrutado de cada momento y, aunque las expectativas eran muy altas porque teníamos muchas ganas de ir, han sido cumplidas y requete-cumplidas con creces. El país es maravilloso y los galeses son absolutamente encantadores, todas y cada una de las personas con las que nos hemos cruzado han sido increíblemente amables, divertidas y abiertas. Gales se ha ganado de sobra un hueco en mi corazón y ya tengo ganas de volver aunque no haga ni un mes que he estado. Gracias Gales por todo.

Da bor chi! (creo que se dice así)

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