Madurar

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De niña tenía miedo a la oscuridad de la noche. Siempre dejaba la persiana un poco levantada o una de esas pequeñas luces enchufada. Pero también cerraba la puerta, supongo que por miedo a quien pudiera entrar.

Hoy la cosa ha cambiado y a lo que tengo miedo es al día, a la luz que pone el foco en las cosas feas de este mundo mientras que por la noche, todo parece en calma. El dolor se difumina y la angustia se disipa, me siento segura acurrucada bajo el edredón. Hasta que la luz comienza a filtrarse por los recovecos formando imágenes siniestras. Pero sigo dejando la puerta cerrada, aunque por distinto motivo. Ahora lo hago con la esperanza no de que no entre nadie, sino de que los que están a mi lado durante la giras oscuras no se vaya nunca lejos.

¿Será eso madurar o hacerse más niña todavía?

Cactus

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Hay personas que son como los cactus. No son las más bonitas ni las más vistosas pero son las que lo resisten todo. La mayoría de la gente los tiene porque muchos son graciosos e incluso dicen que protegen de las malas vibraciones. Pero sobre todo, porque son fáciles de mantener y a poco que les hagas, ahí los tienes, verdes y robustos. Incluso algunos pueden llegar a florecer, con colores alegres y brillantes. Pero también precisan de cuidados, aunque sean mínimos. De cuando en cuando hay que regarlos, abonarlos e incluso transplantarlos llegado el momento, y si no lo haces, acabarán por secarse y marchitarse, porque por duros que sean, también necesitan algo de tu atención. Y ten cuidado, porque si los descuidas y llegan a pudrirse, aunque los veas secos y marchitos, sus espinas pueden dañarte igual. Y solo entonces quizás te des cuenta de que, con un poco de dedicación, habrías podido salvar algo que hubiese aportado algo de color y alegría a cualquier rincón de tu casa… o de tu vida. 

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There are people who are like cactus. They are not the most beautiful or the most pleasing but the ones that resist everything. Most people get them because they are funny and even it is said they can protect you from bad vibrations. But above all because they are easy to keep and with just a few things you do for them, there they are, green and strong. Some can even bloom, with cheerful and bright colors. But they also need of some care, just minimum. From time to time you have to water them, fertilize them and even replant them eventually, and if you don’t do it, they end up getting dry and wither, because no matter how hard they are, they also need some of your attention. And be careful, because if you neglect them and they end up rotting, even if they look dry and withered, their prickles still can hurt you. And maybe, just then, you will realize that, with just a little dedication, you could have saved something that could have brought some color and joy to any corner of your home… or your life.

Blanco y negro / Black and white

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Cojo la foto en blanco y negro y te la muestro. Dices que salgo muy guapa, y es verdad, solo que no soy yo, eres tú. Pero no lo sabes. Al final será que tienen razón aquellos que dicen que nos parecemos. Igualmente te doy las gracias y tú me sonríes. Al menos aún no has olvidado cómo se hace, tú que siempre fuiste de risa fácil. Pero también acabarás por olvidarlo como has hecho con casi todo lo demás. Incluso de lo que más quisiste en este mundo: de nosotros. Pero no importa, yo recordaré por las dos, y reiré por las dos, y lloraré por las dos pero te echaré de menos solo por mí, porque mi corazón no soportaría el dolor de hacerlo por las dos. 

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I take the photograph in black and white and I show it to you. You say that I look very pretty and it’s true only that it’s not me but you. But you don’t know it. They might be right, those who say we look alike. Anyway I thank you and you smile. At least you haven’t forgotten how to do it, you who always laugh easily. But eventually you will end up forgetting it as you have done with almost everything else. Even that you loved the most: us. But it doesn’t matter, I will remember for us both, and laugh for us both, and cry for us both but I will miss you only for me, because my heart will not bear the pain of doing it for the both of us. 

Mentira / Lie

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Miento cuando digo que nunca he mentido porque cada día miento un poco. Miento cuando digo que no me importa porque en realidad el silencio que siempre fue mi amigo se convierte en tus labios en el peor de mis enemigos. Miento cuando digo que lo había olvidado porque en realidad recuerdo cada segundo que he pasado contigo como quien escucha su canción favorita una y otra vez. Miento cuando digo que no te necesito porque en realidad siento que sin ti todo es vano e inútil. Miento cuando digo que todo va bien porque en realidad me fallan las fuerzas al sentir que no dejo de nadar contra la corriente que acabará por arrastrarme con ella. Miento cuando digo que no miento porque ya no sé distinguir la verdad de la mentira, de tanto como me he mentido a mí misma.

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I lie when I say I have never lied because everyday I lie a little bit. I lie when I say I don’t care because, in fact, the silence that was always my friend becomes the worst of my enemies in your lips. I lie when I say I have forgotten it because, in fact, I remember every second I have spent with you like someone listening to his favourite song over and over. I lie when I say I don’t need you because, in fact, I feel that without you everything is vane and useless. I lie when I say that everything is ok because, in fact, I’m losing my strength while swimming against the current that will finally drag me away. I lie when I say I don’t lie because I cannot tell the difference between truth and lie anymore, so much I have lied to myself.

Perfecta / Perfect

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Siempre fuiste demasiado para muchos: demasiado independiente, demasiado callada, demasiado sensible. En cambios, para otros tantos, nunca fuiste suficiente: ni lo suficientemente lista, ni lo suficientemente valiente, ni lo suficientemente divertida. Pero en algún momento, para quien te quiso o te necesitó de verdad, fuiste perfecta.

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You were always too much for many people: too independent, too quiet, too sensitive. On the other hand, for many others you were never enough: not enough clever, not enough brave, not enough funny. But at some point, for someone who loved you or really need you, you were perfect.

La mosca contra el cristal

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Todos hemos visto alguna vez una mosca chocando incesantemente contra una ventana. Oyes el aleteo, después un golpe contra el cristal, de nuevo el aleteo y de nuevo el golpe. Una y otra vez. La miras y te preguntas cómo se puede ser tan tonta aunque claro, hablamos de un insecto con las limitaciones cognitivas que eso conlleva. El problema viene cuando la mosca eres tú, cuando día tras día intentas salir por una ventana cerrada y chocas constantemente con el cristal, y te sientes igual de estúpida aunque realmente hay poco que puedas hacer para cambiar la situación puesto que no es una ventana sino una caja de cristal, y tires hacia donde tires, no hay salida. 

Esa es la sensación todos los días al llegar a casa.  Desde atención primaria llevamos años intentando demostrar lo importante que es una atención primaria fuerte y resolutiva pero la mosca vuelve a darse contra el cristal una y otra vez. Y quizás solo cuando el sistema entero empiece a colapsar por falta de una buena base -como cualquier edificio por maravilloso que sea que no tenga unos buenos cimientos acaba por derrumbarse-, quizás entonces le  otorguemos el valor que merece, aunque probablemente sea demasiado tarde. Porque si ya era denostada y despreciada por la gran mayoría en la era pre-covid, ahora es el blanco de las iras de unos y otros: pacientes, compañeros de atención hospitalaria y autoridades sanitarias. 

Esas mismas autoridades que han prometido recursos y refuerzos que la mayoría de nosotros no hemos visto a día de hoy, que se empeñan en maltratar al personal con contratos injustos, cupos ilimitados y medios insuficientes y, cuando algo sale mal, señalan acusadoras al profesional en cuestión que en muchas ocasiones (no siempre), ha hecho lo que ha podido con lo que ha tenido. 

Esos pacientes que, aunque creo que no son la mayoría, se transmiten de unos a otros que no les atendemos y que no queremos verles sin siquiera pensar que lo que con una consulta presencial se podría resolver en 7 o 10 minutos, por teléfono nos suele llevar 15 o 20 porque nos crea más inseguridad, porque la medicina siempre ha sido ver, escuchar y tocar. Sin pararse a pensar que, aunque les llamemos y ellos estén solos en el salón de su casa, la lista de llamadas, citas presenciales (que las hay solo que las tenemos que gestionar nosotros), urgencias y domicilios no suele bajar de 50 o 60 pacientes, muchas veces incluso más. Tampoco que, hoy en día, un buen día en el trabajo no es cuando has podido hacer tu trabajo con relativa calma sin la sensación de estar con el agua al cuello sino cuando al final del día nadie te ha gritado, insultado, puesto una reclamación o te ha echado en cara cosas que, en gran parte, ni siquiera tienen que ver contigo como que la mutua no le haya pagado este mes o que determinados trámites de la administración (y no del centro de salud) sólo puedan hacerse por internet. Tampoco parecen darse cuenta de que, al limitarse las visitas presenciales a los centros de salud, no nos estamos protegiendo a nosotros pues la mayoría nos hemos infectado con mayor o menor fortuna en la recuperación de la enfermedad, ni siquiera a los jóvenes que demandan atención sino a esos pacientes crónicos que tienen que acudir al centro de salud sin más remedio a controlarse el sintrom, a cambiarse la sonda urinaria, a curarse una úlcera vascular o a pincharse un tratamiento inmunosupresor, que son los que, en caso de enfermar, tienes más probabilidades de hacerlo de gravedad o incluso de fallecer. 

Esos compañeros de atención especializada que, al igual que antes creo que son los menos, se creen lo que oyen en redes sociales o de boca de otros y creen que estamos “cerrados por vacaciones”, sin llegar a pensar la cantidad de patología que no llega a nivel hospitalario (antes de la pandemia y ahora también) porque se resuelve en atención primaria. Quiero creer que es por desconocimiento porque siempre he defendido que la rotación por primaria debería ser obligatoria en cualquier especialidad. ¿Por qué? Porque cuando yo roté en atención especializada para formarme vi los errores que se cometían desde primaria y grabé a fuego lo que no debía hacer: nunca olvidaré la vergüenza ajena de esos volantes de interconsulta con una sola palabra en mayúsculas: MIGRAÑA o GONALGIA, sin ningún otra información añadida.

Soy consciente que no todo se hace bien ni todos los hacemos bien, pero estoy segura de que la mayoría de compañeros tanto de especializada como de primaria están dando lo mejor de sí mismos a pesar del agotamiento psicológico que nos ha supuesto y nos supone esta situación. Y también estoy segura de que habrá casos en los que pacientes no hayan sido atendidos como debían o los compañeros en el hospital hayan tenido que atender a alguien que podría haberse resuelto desde primaria si se hubiesen hecho bien las cosas, igual que yo he visto pacientes que han recibido una atención más que pobre desde especializada, pero insisto en que creo que son los menos. Pero, por desgracia, también son los que más ruido hacen alimentando un fuego que, en lugar de apagar entre todos, estamos alimentando hasta que la bestia quede fuera de control y lo arrase todo. Y entonces lamentaros haber perdido lo que teníamos.

Así que, al llegar a casa, día tras día, me siento como esa torpe mosca que vuelva y choca una y otra vez contra la ventana. La diferencia es que yo soy aún más tonta que ella, porque la mosca cree que puede salir y yo sé que no hay forma de salir de aquí, y aún así, sigo dándome contra el cristal.

El libro (parte final)

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Parte I

Parte II

Nunca habló con nadie de lo que había leído en esas últimas páginas, ni de cómo cambió todo a partir de ese momento. A veces estuvo a punto de revelárselo a sus más allegados, pero estaba segura de que la tomarían por loca. Tampoco dejó de preguntarse qué habría pasado con la siguiente persona que leyó el libro. Lo dejó en el mismo banco donde de lo encontró, y aunque esperó unas horas por si alguien se acercaba, al final tuvo que marcharse solo para volver al día siguiente y encontrarse con el banco vacío. Siempre se preguntó si habría encontrado el mismo libro que ella encontró o sería uno distinto para cada persona… pero eso era imposible. Aunque también era imposible explicar que, tras haberse visto en el futuro con el corazón seco y quebradizo como las hojas que caen en otoño, fue consciente de que de nada serviría intentar arreglar la vida de los demás si no era capaz de arreglar la suya propia. La cobardía de imaginar afectos en lugar de vivirlos con las personas de su alrededor acabaría por dejarla exhausta y marchita, sin nadie más que culpar por ello que a sí misma.

Un ligero apretón en su rodilla la sacó de su ensimismamiento. “¿Todo bien?” “Todo bien”, respondió ella poniendo su mano sobre la de él y apretándola a su vez. Y entonces centró toda su atención en la escena que se desarrollaba a su alrededor: niños jugando y corriendo descalzos a su alrededor, adolescentes apiñados contándose cosas al oído, y adultos riendo las ocurrencias de unos y otros mientras disfrutaban de sus respectivas bebidas. La escena que siempre había soñado pero que nunca pensó ver escrita en el libro de su vida.

El libro (parte II)

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Parte I

Una vez en casa, se preparó algo rápido de cenar, se puso cómoda y se dispuso a comenzar el libro. Ojeó por encima las páginas sin detenerse en ninguna para hacerse una idea de qué podía esperar. Los capítulos no tenían nombre y solo estaban señalados por números romanos al inicio de cada uno. Al parecer era una historia narrada en primera persona (de ahí el título, claro) por una mujer que, casualidades de la vida, resultaba tener la misma edad que ella tenía en ese momento. Lo cierto es que al principio no parecía demasiado interesante aunque a veces pasa con algunos libros, hasta que te ponen en situación. Pero según iba leyendo se empezó a remover incómoda en la butaca. Las situaciones, sentimientos y experiencia que la protagonista iba relatando eran como un calco de su propia vida, como si alguien la hubiese estado observando para poder escribir el libro. Con un nudo en el estómago, usó lo primero que encontró como marcapáginas y se levantó para beber un poco de agua mientras intentaba encontrar una explicación a todo ese sinsentido. No podía ser que ese libro hablase de su vida y, sin embargo, cada decisión que había tomado, por absurda que fuera, cada oportunidad malgastada, cada palabra dicha e incluso las que había callado, cada sentimiento experimentado y cada lágrima derramada estaban allí plasmados, página tras página. Permaneció allí de pie, junto a la encimera de la cocina, sin decirse a volver a la butaca. Había dejado de leer en el preciso momento en el que la acción se desarrollaba en el momento actual. ¿Qué pasaría si seguía leyendo? ¿Descubriría lo que estaba por sucederle en el futuro? Pero eso era imposible. El futuro no está escrito… ¿o sí? Decidida a acabar con el ridículo temor que empezaba a impedirle respirar con normalidad, volvió a sentarse, cogió el libro y con manos ligeramente temblorosas pasó la hoja que, supuestamente, desvelaría lo que estaba por llegar a su vida. 

Continuará

El libro (parte I)

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Lo vio desde lejos, algo oscuro, pequeño, descansando sobre el banco de piedra blanca. En un primer momento pasó de largo pero apenas había caminado unos metros cuando decidió desandar el camino hasta el banco. Miró a su alrededor pero no vio a nadie. Bajó la vista y esta vez puso atención en el objeto que había llamado su atención: un libro. No tenía nada de especial a primera vista; pasta blanda, negra, tamaño cuartilla, ni muy gordo ni muy fino. Lo que le resultó curioso fue que la foto de la portada era, precisamente, un banco de piedra clara sobre el que se podía observar un libro oscuro, casi como si alguien hubiese tomado una foto de ese mismo lugar instantes antes de que ella apareciese. Justo encima de la foto se podía leer, en letras blancas, el título del mismo “Mi vida”. Pero aún más curioso resultaba que no aparecía el nombre del autor. Volvió a mirar a su alrededor esperando encontrar al dueño del libro, pero no se divisaba un alma en todo el paseo. Algo reticente, pero picada por la curiosidad, se decidió a coger el libro. Lo giró para leer la sinopsis pero, para su sorpresa, no había nada. La contraportada era totalmente negra. Así que lo abrió y, justo después de la hoja donde se podía leer de nuevo el título, aunque seguía sin haber rastro de la identidad del autor, en una hoja en blanco, había algo escrito a mano con letra pulcra y clara: “A quien encuentre este libro. El destino ha querido que llegue a tus manos, y en tus manos está decidir qué hacer. Puedes llevártelo o dejarlo donde lo encontraste. Puedes leerlo y quedártelo o regalárselo a alguien. O, como hice yo, dejarlo en algún lugar donde otra persona pueda encontrarlo. Decidas lo que decidas creo que debes saber que este libro cambió mi vida, como creo cambiará la tuya si te animas a leerlo. Espero que lo disfrutes. Firmado: un lector cualquiera.” Cerró el libro y, echando un último vistazo por encima de su hombro hizo lo que, casi desde el principio había pensado hacer, así que lo metió en su bolsa de tela y se encaminó a casa, intrigada como hacía tiempo no se había sentido.

Continuará…

Corazón roto / Broken heart

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Nadie se percató de que justo en ese preciso instante su corazón se había roto en mil pedazos porque lo hizo de forma silenciosa, de la única forma que puede romperse un corazón, de las misma forma en que se desprenden los pétalos de una flor marchita. Ni siquiera ella misma lo advirtió. Solamente años más tarde, cuando quiso volver a usarlo, se dio cuenta de que su corazón roto ya no podía volver a funcionar.

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Nobody noticed that was the very moment her heart broke into pieces because it happened in a quiet way, the only way a heart can be broken, like petals falling off from a whitered flower. Not even herself noticed it. Only several years later, when she wanted to use it again, she realized that her broken heart could not work anymore.