No creo que sea el momento más adecuado para iniciar un blog…o quizás sí. El caso es que después de un día duro y una noche aún peor, con el sueño queriendo hacer presa de mí -después de 24 horas en pie-, necesitaba reflexionar en “voz alta” sobre ciertas cosas y quizás ésta sea una buena forma.

Resulta curioso que, en apenas 1 hora, haya podido experimentar tantas emociones, tan seguidas, que me han dejado el alma tan agotada como el cuerpo. El miedo que se convierte en pánico por lo que está sucediendo, seguido de la duda sobre qué hacer, pasando por la determinación de lograr el objetivo una vez aclaradas las ideas; alcanzando la frustración por no conseguirlo y posteriormente la tristeza y la compasión por el desenlace, todo ello tapizado por un velo de impotencia que hace las cosas aún más…¿cómo decirlo?…más “penetrantes”.

Siempre se escucha la frase “tener la vida de alguien en tus manos”, de forma metafórica, y a lo largo de estos dos años, se podría decir que yo he tenido la vida de muchas personas en mis manos pero creo que ha sido hoy, por primera vez, cuando esa realidad me ha golpeado con más crudeza de la que podía imaginar. El momento en el que he tomado la decisión de dejar la reanimación no ha sido tan espectacular como nos lo muestran en la ficción, tan “apasionado”, tan orgulloso y valiente…ha sido sencillamente tan…rápido, tan vacío y “aséptico”…que lo único que deja es una sensación de adormecimiento emocional que impide cualquier otro sentimiento que algunos considerarían más apropiado en estos casos -dolor, rabia, frustración…- Tanto es así que ni siquiera sé cómo despedir esta entrada (supongo que la falta de sueño no ayuda demasiado a mi ya maltrecho intelecto). Creo que, lo más conveniente en este caso sería decir “hasta luego” y… bienvenidos a mi vida.

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