…que me impulsa a escribir aunque sea consciente de que no tengo nada que contar. Creo que desde que tengo uso de razón, es por la noche cuando las ideas se agolpan en mi cerebro luchando por salir al exterior…y el resultado, como no podría ser de otra manera, es desastroso, pues con la puerta abierta, los pensamientos salen sin orden ni concierto, como si de una estampida se tratara. 

Y quizás sea por eso por lo que estoy deseando que llegue el invierno, para poder escribir por la noche sin tener que decidir entre morir de hipertermia por cerrar la ventana y la persiana para evitar la entrada de mosquitos, o bien dejarlas abiertas y arriesgarme a ser presa de dichos insectos y morir de un shock anafiláctico -o en su defecto, pasarme la noche con los ojos, y las orejas, bien abiertas con una zapatilla en la mano esperando el momento oportuno para pertrechar mi venganza contra esos insignificantes y a la vez dañinos seres. Tengo ganas de tener que taparme por las noches con el nórdico; de acurrucarme en el sofá con la manta con un libro en la mano y un buen café caliente en la otra; de salir volando de la ducha para poder ponerme el albornoz que he dejado sobre el radiador; de la sensación que produce el aire helado en la cara en uno de esos días en los que el sol aparece radiante sobre un cielo claro y despejado, pero sin capacidad apenas para calentar un par de grados; de los días de lluvia intensa en los que sabes que no tienes que salir de casa y puedes observar las gotas resbalando por el cristal de las ventanas…

Obviamente ésa es la parte bonita del invierno, a la que hay que sumarle otras muchas partes malas, pero en conjunto, sin lugar a dudas, lo que para la gente es considerado mal tiempo, para mí es el mejor de los tiempos! Será que nací a las puertas del invierno…

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