Negar la evidencia no sirve para nada, si acaso para retrasar lo inevitable. Heme aquí, en la cama, con fiebre, asumiendo mi “enfermedad” cuando ayer a estas horas me repetía una y otra vez que sólo se trataba de una faringitis de modo que hoy estaría como una rosa… así estoy, como una rosa: la cara rojiza a causa de la fiebre y notando las mil espinas que, en lugar de hacia fuera, creciesen hacia dentro clavándose en todos y cada uno de mis músculos.

Al final no he tenido más remedio que asumirlo, cancelar mi tan esperado viaje a New York y quedarme en casa, concretamente en mi habitación y así evitar contagiar a mi familia. La suerte es que contratamos el seguro del viaje y, gracias a eso, no perderemos en dinero (ya tiene guasa que pagues algo que no vas a disfrutar), pero si finalmente me hubiese empecinado en ir, no creo que me dejasen pasar más allá de los primeros controles. Con la “languidez” con la que me muevo (no tengo más energía), la tos de perro tuberculoso y la cara de -morí hace dos días, lo que no sé es por qué no me han enterrado aún-, me hubiesen dado el alto los taquilleros del metro.

Pero bueno, habrá que ser positivo. No creo en el destino pero si creyera diría que esto ha ocurrido así porque no debía viajar a New York por algún motivo oculto para los simples mortales pero obvio para los hados. Sólo espero llegar a conocerlo algún día y así este aislamiento no será tan devastador.

En fin, el tropel de Lemmings que ahora mismo juegan al frontón en el interior de mi cabeza está en desacuerdo con que siga escribiendo -de hecho se han confabulado con hordas de microseres que apuñalan mis lumbares- así que les haré caso antes de que acaben conmigo. Me hubieses gustado decir “se despide vuestra corresponsal en New York” pero os tendréis que conformar con “adiós desde los Madriles”…

Anuncios