Aquí, en la soledad de mi cuarto únicamente acompañada por el sonido de un vinilo y el rumor constante de la lluvia contra las hojas de los árboles, y entre estornudo y ataque de tos, me da por pensar en… bueno, en la vida en general.

Por ejemplo, en lo curioso de la soledad. Yo siempre me he considerado una persona bastante solitaria y de hecho, la soledad es para mí tan imprescindible como el comer -necesito mis momentos a solas para poder recargarme… como un iPod!!. Pero claro, no es lo mismo la soledad autoimpuesta que la soledad forzosa (la que me toca vivir estos días), que es la que se coloca como un peso en el corazón y te roba el ánimo, más aún cuando estás “débil” físicamente -que suele acompañarse de debilidad anímica. Pero reflexionando sobre esto pensaba en que, gracias a las nuevas tecnologías, la soledad (sea del tipo que sea) no lo es tanto pues aún metida en la cama, tapada con dos mantas hasta la barbilla, estaba hablando, en tiempo real, con varios amigos por internet. Pero ¿sabéis qué ha sido lo que más acompañada me ha hecho sentirme? Algo que tiene poco de actual en realidad. Aburrida como estaba me he decidido a poner un vinilo, regalo de cumpleaños de cuatro amigos muy cercanos, y, prácticamente desde que el disco comenzó a girar y la aguja se posó sobre el mismo, era como si mis amigos estuviesen allí. Quizás sea el recuerdo del día en que me lo regalaron, de lo bien que lo pasé aquella noche del risotto y la sangría, de la emoción al desenvolver el regalo y encontrarme con una rareza de los Fab Four… pero de repente noté ese calorcillo interno que uno nota cuando se siente feliz (me puse el termómetro pero no, no me estaba subiendo la fiebre) y me convencí aún más de algo que llevo tiempo “rumiando” y es que la soledad no es más que un estado de ánimo, independientemente del número de personas que se encuentren a nuestro alrededor. Beh, ya sé que no me van a dar el premio al descubrimiento del año por esto, pero sencillamente viene a confirmar mis sospechas.

Lo que he escrito hasta ahora os puede parecer un poco pasteloso – no os culpo por ello. Yo, he de reconocer, tengo cierta tendencia a la “noñería” -como bien saben los que me conocen- y en estos momentos en los que el aburrimiento induce a la divagación, me da por cargar de dulce todo lo que digo, pero bueno, no os preocupéis que en otra ocasión tendréis ocasión de probar mi lengua viperina, que lo cierto es que predomina sobre mi vena empalagosa, o al menos eso dicen en mi casa -menos mal que son mi familia y se supone que me quieren.

En fin, desde mi puramente físico aislamiento me despido hasta la próxima…

 

*NOTA: por si alguien no lo sabe, los Fab Four son The Beatles, aunque creo que en este caso mis Fab Four son esos amigos de los que os hablo: Ali, Jose, Patty & Petter (para que no haya lugar a confusión el orden seguido es estrictamente alfabético!!). Gracias por el regalo… y no me refiero al vinilo.

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