Parece que queda menos para poder disfrutar algo de libertad (eso espero) así que, aprovechando estas últimas horas de encierro involuntario, me he dedicado a navegar por el maravilloso mundo de internet, buscando nuevos sonidos (últimamente andaba bastante desconectada de las novedades musicales). He de reconocer que he encontrado algunas cosas interesantes, algunas bastante novedosas, pero quizás lo que más me ha llamado la atención es algo que ya conocía hace mucho tiempo pero que me ha emocionado tanto como si fuera la primera vez que lo escuchase. Es curioso esto de la música, ¿no? No parece responder a ninguna ley física, matemática o biológica. Si indagamos en los grandes estudios sobre el comportamiento animal (y, en muchas ocasiones, el humano), antes un estímulo repetido, el animal acaba por asumir dicho estímulo como algo “natural” dejando de reaccionar ante él. Si tomamos esto como ejemplo, si nos “sometemos” a una misma canción una y otra vez, debería llegar un momento en el que deje de provocarnos la reacción que nos causó la primera vez que la escuchamos. Pero con la música no ocurre eso, o al menos no a mí (y me apuesto lo que sea a que no soy la única). Con la música -obviamente no con todas las canciones, sólo con algunas muy selecconadas- ocurre que no importa cuántas veces escuchemos una determinada canción, que siempre parece emocionarnos tanto o más que la primera vez.

Y eso es lo que me ha ocurrido a mí hoy con esta canción. No puedo contar las veces que la habré escuchado, en CD, en video, en vivo, en una u otra versión… pero sea como sea, cada vez que oigo los primeros acordes, mi reacción es siempre la misma: dejar lo que sea que esté haciendo y dejarme llevar.

Así que aquí os la dejo, para que la disfrutéis y también vosotros os dejéis llevar.

PD: Fijáos si es maravillosa que me ha ayudado a calmarme tras la noticia con la que me he levantado hoy (bueno, ya llevaba bastante rato levantada). Resulta que esta madrugada, han forzado la puerta del portal, han ido al sótano del edificio y han forzado las 64 puertas de los trasteros. Afortunadamente, al menos en el mío, no se han llevado nada pero en fin, ya te quedas con el mal cuerpo de saber que alguien “extraño” ha entrado en tu edificio y, como Pedro por su casa, se ha estado paseando durante vete tú a saber cuánto tiempo (no creo que se tarden 2 minutos en forzar 64 puertas…). Malditos…

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