Pasan los años y yo tengo la sensación de que en el fondo, nada cambia, o al menos yo no – como dicen Keane “everybody’s changing and I don´t feel the same”-. Tengo la impresión, si no la certeza, de que la gente me sigue tomando por tonta (posiblemente con algo de razón) y, a ciertas edades, empieza a cansar, la verdad. Me considero una buena persona pues nunca he hecho daño a nadie a sabiendas de que lo hacía y, si puedo, procuro echar a una mano a quien lo necesite. Por supuesto, no soy una santa y tengo muchos pensamientos/sentimientos que no creo que pudiesen englobarse dentro del concepto de bondad, pero creo que es lo que le ocurre a la mayoría de las personas, es decir, que no son malas pero si rascas un poco (en algunos hay que rascar menos que en otros), afloran instintos considerados poco…mmm…”civilizados”. Pero no me quiero desviar del tema.

Como iba diciendo, a pesar de que ya peino alguna que otra cana – y cada guardia que hago contribuye al menos con un par más-, la gente sigue pensando que pueden hacer conmigo lo que quieran. Y la culpa no es de nadie más que mía, por supuesto, por haber tragado en otras ocasiones con muchas cosas “por el bien común”. Pero a ciertas edades creo que ya no estamos para tonterías y hay que ir poniendo ciertos límites.

Pero esto va más allá de un hecho concreto. Lo que me molesta, e incluso yo diría que me duele, es la sensación de que la gente acecha a mi alrededor como depredadores, en espera del momento oportuno para aprovecharse de mí…y creo que eso es uno de los peores sentimientos a experimentar: el de estar siendo utilizado.

En fin, tampoco quiero darle más vueltas al tema. Bastante me duele la cabeza ya sin necesidad de “comérmela”. Espero que no haya muchas erratas pero la única neurona que se me ha despertado aún es la de respirar, y con ocuparse de eso ya tiene bastante.

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