Hace ya tres días pero los ecos del concierto siguen sonando en mi cabeza. Sé que mucha gente discrepará de lo que aquí escribo, pero estoy segura de que otros muchos sí que estarán de acuerdo conmigo.

Los que fueron el Jueves 19 de Noviembre a La Riviera esperando ver al compositor de Amélie, salieron, cuanto menos desconcertados si no decepcionados. Y es lógico porque Yann Tiersen es, por encima de todas las cosas, un músico poco convencional al que le gusta sorprender y , sobre todo, experimentar. Sus conciertos no tienen el más mínimo parecido con sus discos y hasta el más famoso de sus éxitos puede resultar irreconocible bajo capas y capas de guitarras eléctricas, teclados y efectos de sonido. Por otro lado, los que ya le conocíamos o los que sencillamente no esperaban nada, salimos tan encantados como en las otras ocasiones en las que hemos tenido la oportunidad de verle en directo. Y más aún si tenemos en cuenta la gran cantidad de nuevas canciones que tuvimos la oportunidad de disfrutar, a cual de ellas más emocionante; lo que me lleva a intentar armarme de paciencia esperando que su nuevo trabajo salga por fin a la luz.

La versión electrónica de “La Valse d’Amelie” (que pocos parecieron reconocer), la versión instrumental de “Kala” (ahora me cuesta decidir si la prefiero cantada o sin voz) o la siempre impactante y emotiva “Sur Le Fil” fueron sólo unas pocas gotas en el mar de ilusión, sentimientos y emoción por el que, durante casi dos horas, el marinero Tiersen nos condujo como si de una escena de “Tabarly” se tratara.

Comprendo que hay gente a la que no le guste pues, como dicen por ahí, nunca llueve a gusto de todos, pero sólo les diría una cosa: dadle otra oportunidad y esta vez no escuchéis con vuestros oídos sino con vuestros corazones pues Yann Tiersen es un creador no tanto de música como de sentimientos.

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