… sino por cómo las hacemos sentir.

Ésa es una frase de Irwin Federman que he leído este domingo en un reportaje de El País Semanal y que da mucho que pensar. Se puede estar o no de acuerdo, pero el caso es que algo de verdad sí que hay. Incluso cuando nos “proponemos” cambiar a alguien -sin querer ver que se trata de una misión imposible y que aquellos que cambian lo hacen porque así lo quieren ellos-, no lo hacemos porque pensemos que es lo mejor para esa persona (aunque ésa es la justificación que nos damos a nosotros mismos) sino porque de ése modo cambiaremos lo que ésa persona nos hace sentir: más queridos, menos avergonzados, más importantes… Pero bueno, viéndolo por el lado bueno, también quiere decir que si alguien nos quiere es porque le hacemos sentir bien y eso, a su vez, es algo que nos hace sentir bien a nosotros mismos por lo que queremos a esa persona… y he aquí el infinito círculo que es el amor (llámese pasión, amistad, fraternidad…).

En fin, que creo que debería hacérmelo mirar…

Hasta la próxima.

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