Qué asco cogerle cariño a la gente y que se tengan que marchar.

Qué asco saber que las cosas no volverán a ser igual.

Qué asco ser consciente de que, por mucho que quieras, hay cosas que no podrás recuperar.

Qué asco echar de menos incluso antes de que se marchen.

Qué asco no poder quedarnos tal y como estamos.

 Qué maravilla querer y ser querido al menos un instante.

Qué maravilla atesorar pequeños instantes en la memoria y en el corazón.

Qué maravilla haber podido compartir una risa, un llanto, un temor…

Qué maravilla recordar y ser recordado a pesar del paso del tiempo.

Qué maravilla tener el privilegio de haberos conocido.

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