Érase una vez una pequeña y hermosa Pelusa que halló cobijo en una también pequeña pero hermosa morada donde la pelusita hizo su hogar. Vivía su vida tranquila, rodando de acá para allá cuando un buen día, rodando, rodando, fue a dar con un Peluso grande y apuesto. Los suyo fue amor a primera vista y así, pelusilmente unidos, rondaron por la casa buscando un lugar tranquilo donde establecer su nuevo hogar y poder formar una familia. Fue debajo del sofá, un sitio acogedor, cálido, y protegido de mopas indiscretas y escobas metomentodo donde Pelusa y Peluso formaron su nueva familia. Una familia llena de miles de pelusitas regordetas y juguetonas que, haciendo caso omiso de sus padres pelusos, escapan diariamente de la protección de su hogar para salir a rodar y divertirse sin preocupaciones.

Y colorín colorado, este cuento no ha acabado porque es por eso que tooooodos los puñeteros días aparecen cientos de miles de nuevas pelusas alrededor del maldito sofá aunque barra, pase la mopa, friegue o haga el pino.  ¿Habrá alguna forma de castrar a Peluso y Pelusa?

Anuncios