Sé que ha pasado una semana y ya es casi “off topic” como dicen por ahí, pero entre unas cosas y otras… El caso es que no puedo dejar pasar la oportunidad del que probablemente haya sido para mí, y para muchos otros (no me cabe la menor duda), el evento del año. Me refiero al concierto de la que es considerada actualmente una de las mejores bandas del mundo –y su espectáculo, uno de los mejores conciertos del panorama actual-. No podría estar hablando sino de Arcade Fire.  Su concierto del pasado 20 de Noviembre en el Palacio de los Deportes fue uno de los mejores de los últimos años (en lo que a mí respecta, claro está). El Palacio estaba a rebosar y, sorprendentemente, la organización era bastante mejor que en otras ocasiones (lo cual tampoco resulta difícil de entender dada la desorganización habitual), y es de agradecer porque con el frío siberiano que hacía, pudimos entrar en poco tiempo en cuanto se abrieron las puertas.

Nosotros estábamos bastante cerca, cuarta o quinta fila y, desde allí, el sonido era lo suficientemente bueno como para disfrutar de cada una de las canciones. Los teloneros, los canadienses “Fucked up”, intentaron caldear un ambiente que, por otro lado, no necesitaba gran cosa para animarse. No voy a decir mucho porque, personalmente, el hardcore-punk no me va, así que gustarme, lo que se dice gustarme… pues no, la verdad. Pero como estaba como loca por que empezase “lo bueno”, tampoco les hice mucho caso… y lo siento, pero es así. Y eso que normalmente intento hacerles caso a los teloneros porque me parece que hacen un papelón tocando delante de gente que no han ido a verles a ellos.

Total que, con algunos minutos de retraso, sobre un escenario sin apenas ornamento (un fondo con una especie de cruce de carreteras y una pantalla sobre la que, durante el concierto, irían apareciendo diferentes imágenes y videos), salieron a escena los protagonistas de la noche… y no defraudaron a nadie. Desde el minuto cero hasta el final fue una entrega absoluta por su parte, y por la nuestra, que vibramos con cada una de las canciones, de las palabras de Win Butler… y hasta de los silencios. La verdad es que fueron, no encuentro la palabra… ¿agradecidos? No sé, se les veía, eso, agradecidos, contentos… yo creo que disfrutaron. Por supuesto, lo de “sois el mejor público del mundo” no se lo cree nadie (hasta en Villacangrejos de la Sierra escuchan eso en cada concierto), pero seamos realistas, en ese momento hace ilusión, qué le vamos a hacer si con “ná” nos ponemos contentos.

Pues eso, no faltaron éxitos ni del primero, ni del segundo ni de su último disco. La gente se volvió loca con todas y cada una de las canciones, bailando, dando palmas, cantando (afortunadamente esta vez no tuve a ningún cansino vociferando ni desgañitándose como me suele pasar)… Fue maravilloso. La pega… que duró poquísimo, o eso nos pareció a todos. Tocaron aproximadamente hora y media (parece que por Real Decreto sea la duración estándar porque últimamente no hay nadie que toque más de 90 minutos) pero nos supo a poquísimo, a pesar de poder escuchar “Wake up”, “Ready to Start”, “Rococo” (no siempre la tocan en esta gira y me encantó porque es de mis favoritas), “Sprawl II (mountains beyond mountains)” y “Rebellion (Lies)” (no podéis imaginar la de recuerdos que me trae esa canción, la de momentos increíbles vividos escuchándola…). Es que fue emoción tras emoción, recuerdo tras recuerdo… buff, maravilloso. De esos conciertos que marcan una vida, que pasan a la historia, a TU historia, y que permanecen en tu recuerdo para siempre, que te dejan siempre con ganas de más.

Y para aquellos que no los conozcáis o no tuvisteis el placer o la dicha de disfrutar de ellos, os dejo un video.

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