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Inspired by Patty and Ali and, therefore, dedicated to them. 

  Sick and tired of porcelain dolls, always asking for help, always needing to be rescued. Sick and tired of porcelain dolls made to be in a showcase, to be admired from a distance, but not to play with them because you can break them. They are so delicate… But if they break, their true nature will be reveal. You will realise how cold they are when you try to pick up the pieces, and how sharp they are – they can cut your flesh as knifes; and inside… they are hollow, empty, nothing to discover inside of them.

  That is why I prefer rag dolls. They are difficult to break, ready to be a loyal companion for your adventures. They are warm, they can be cuddled, they can be mended -though they will never be the same doll again because of the scar. They keep the aromas; you can smell the perfume, the scene of the last person who held them. They might not be so beautiful, so perfect or sophisticated, but they are made to enjoy life with them, to life, to be love.

  Unfortunately, the world still prefer the porcelain dolls. Despite their forced postures, their dramatic gestures, their emptiness… they always win.

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Inspirado en Patty y Ali y, por tanto, dedicado a ellas.

  Harta de las muñecas de porcelana, siempre pidiendo ayuda, siempre necesitando ser rescatadas. Harta de las muñecas de porcelana, hechas para estar en un expositor, para ser admiradas desde la distancia pero no para poder jugar con ellas porque se pueden romper. Son tan delicadas… Pero si se rompen, se descubre su verdadera naturaleza. Te darás cuenta de los frías que son cuando intentes recoger los pedazos, y lo afilados que son – pueden cortarte la carne como cuchillos; y por dentro… están huecas, vacías, nada que descubrir en su interior.

  Por eso prefiero las muñecas de trapo; difíciles de romper, dispuestas a ser una fiel compañeras de aventuras. Son cálidas, se dejan abrazar, se pueden remendar si se rompen – aunque nunca volverá a ser la misma muñeca, queda la cicatriz. Atrapan los aromas, pudiendo oler el perfume, la esencia de la última persona que las sostuvo en sus brazos. Puede que no sean tan bonitas, o perfectas, o sofisticadas, pero están hechas para disfrutar de la vida con ellas, para vivir, para ser amadas.

  Por desgracia, el mundo sigue prefiriendo a las muñecas de porcelana. A pesar de sus poses forzadas, de sus exagerados ademanes, de su vacío interior… siempre ganan.

 

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