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Hello again!

This is another of the assignment I’ve had to write for my online course. This time, I had to create (and describe) a character either from someone I know (even myself) changing a physical appearance (male to female or vice versa, younger or older…), or create it just from you imagination. So let me introduce you to Andy, my character.

Andy was small, even for a seven years old kid. And he hated it. His elder brother, Lucas, was a lovely boy of twelve, intelligent and mature… and tall and skinny, one of the tallest among his schoolmates. Everybody loved Lucas, so they loved Cristine, their little sister. The almost five years old girl was stunning at her age. Her big green eyes framed by long red eyelashes caught people attention as soon as they saw her. But that was only a part of her charm. When she smiled, her round freckled face seemed to illuminate all around her. Andy couldn’t understand why they loved her so much if she was only a stupid chatterbox with a pretty face. And what about Lucas, that damn know-all… 

He used to look at his reflection in the mirror and wonder why he had been given the worst characteristics among his siblings. He was not only small but too skinny which made him look as he was a couple of years younger. His short thick black hair made her skin look yellowish and dull. His thin lips and small black eyes, too close over a straight nose, gave him a severe look, despite he always tried to smile. A smile that barely reached his eyes. ‘But what does it matter when you have the brain?’ he used to said to himself. He might not be as intelligent as Lucas, but he was clever, and cunning. His marks at school were just average, with no special talent for any subject but for lies. He knew how to charm his teachers. At the end, his tiny body was quite helpful when he needed to make use of his “weakness”. Adults always tended to feel some kind of pity for him, as they felt the need to protect him though he wanted neither their compassion nor their help. 

His schoolmates were another thing. They avoid him as much as possible. Most of them had suffered some of his tricks and didn’t trust him at all, but even though, they were still so easy to cheat. Those fools! How could they be so stupid? Lies came to his lips as easy as water comes down from a tap: he only had to open his mouth and…

That’s what he was doing now in front of the headmaster and his English teacher. With a trembling voice he explained them how Jo, that kid from the next door class, had make him give him his new rugby ball under the threat of being bitten. The boy raised his voice to deny it, claiming that it was Andy itself who asked him to take it. ‘Why would I give him this ball if it’s one of the most valuable things I own?’ he said to his teachers. Jo was speechless as he looked to Andy, who looked him back, almost pouting. But his eyes shinned with joy, as saying ‘You might think twice before laughing at me again’.

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¡Hola otra vez!

Este es otra de mis “tareas” para el curso on-line que estoy haciendo. Esta vez tenía que crear (y describir) un personaje, bien a partir de alguien conocido (incluso yo misma) y cambiar algo fundamental de su aspecto (de hombre a mujer o viceversa, más joven o viejo…), bien totalmente a partir de mi imaginación. Así que permitidme presentaros a Andy, mi personaje!

Andy era bajito, incluso para un niño de siete años. Y lo odiaba. Su hermano mayor, Lucas, era un encantador niño de doce años, inteligente y maduro… y alto y delgado, uno de los más altos entre sus compañeros de colegio. Todos querían a Lucas, y también a Cristine, su hermana pequeña. La niña de casi cinco años ya era preciosa a esa edad. Sus enormes ojos verdes enmarcados por unas larguísimas pestañas rojizas captaban la atención de todos en cuanto la veían. Pero eso sólo era una parte de su encanto. Cuando sonreía, su carita redonda y pecosa parecía iluminarlo todo a su alrededor. Andy no entendía por qué todo el mundo la quería tanto si sólo era una estúpida charlatana con una cara bonita. Y qué decir de Lucas, ese maldito sabelotodo…

Él solía mirarse al espejo y preguntarse por qué le había tocado la peor parte de entre los tres. No es que fuera bajito sino además demasiado delgado, lo que le hacía parecer un par de años menor de lo que en realidad era. Su pelo corto, grueso y negro hacía parecer su piel aún más cetrina y apagada. Sus labios finos y los pequeños ojos negros, demasiado juntos sobre su recta nariz, le daban un aspecto severo, a pesar de que él siempre intentaba sonreir. Una sonrisa que rara vez alcanzaba sus ojos. ‘Pero ¿qué importa eso si tienes cerebro?1 solía decirse a sí mismo. Puede que no fuera tan inteligente como Lucas, pero era listo, y taimado. Sus notas no pasaban de la media, no tenía ningún talento especial salvo para las mentiras. Sabía cómo ganarse a los profesores. Después de todo, ese cuerpo canijo le resltaba bastante útil cuando necesitaba hacer uso de su “debilidad”. Los adultos siempre tenían tendencia a sentir pena por él, como si sintieran la necesidad de protegerle, aunque él no quería ni su compasión ni su ayuda. 

Sus compañeros ya eran otra cuestión. Le evitaban todo lo posible. La mayoría de ellos ya habían sufrido alguna de sus artimañas y no se fiaban de él, pero aún así, eran tan fáciles de engañar. ¡Menudos idiotas! ¿Cómo podían ser tan estúpidos? Las mentiras acudían a sus labios como el agua a un grifo: sólo tenía que abrir la boca y…

Eso era lo que estaba haciendo ahora en frente del director del colegio y de su profesor de inglés. Con voz temblorosa es explicaba cómo Jo, el chaval de la clase de al lado, le había obligado a darle su nuevo balón de rugby bajo amenaza de darle una paliza. El chico le interrumpió negándolo, afirmando que había sido el propio Andy el que le había pedido que lo cogiera. ‘¿Por qué iba a darle el balón si es una de las cosas más valiosas que tengo?’ dijo a sus profesores. Jo permaneció mudo de asombro mientras miraba a Andy, que le devolvió la mirada, haciendo pucheros. Pero sus ojos brillaban de alegría, como diciendo ‘Puede que la próxima vez te lo pienses dos veces antes de reírte de mi’.

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