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She was too normal to be noticed, and too different to be loved. Always alone in the middle of the crowd, always in company of her inner self. Wandering around the streets of the big city, always with a clear and precise destination in her mind. Her head up defying the world but hiding from the reality that surrounded her behind a face with a visage it wasn’t hers; looking without seeing; smiling without joy; crying without tears. She lived in a world she had created for herself for she didn’t like the real one; but, at the same time, she longed to be able to live in it, to be part of it. She was capable of adapt to almost everything and yet she seemed to be always out of place. Those around her seemed to know her, to guess what she thought, even how she felt; but none of them understood her. Was it her fault or their fault? Did it make any difference at all? Time went by, life ran its course, but she felt that the world spun more and more slowly, that time didn’t go forward but twisted around itself into an endless loop in which every day was the same, except for one thing: her soul was a bit smaller every day, her heart was a bit drier, more fragile, like a leaf at the end of the autumn, when it gets so dry that the softest breeze can tear it apart. She was just waiting for that windy day.

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Era demasiado normal para que la tuvieran en cuenta, y demasiado diferente para ser amada. Siempre sola en mitad de la muchedumbre, siempre en compañía de su verdadero yo. Deambulando por las calles de la gran ciudad siempre con un destino claro y preciso. Con la cabeza alta, desafiando al mundo pero escondiéndose de la realidad que la rodeaba tras una cara con un rostro que no era el suyo, mirando sin ver, sonriendo sin alegría, llorando sin lágrimas. Vivía en un mundo que había creado para sí misma porque el de verdad no le gustaba, y al mismo tiempo anhelaba ser capaz de vivir en él, formar parte de él. Era capaz de adaptarse a casi todo y aún así siempre parecía estar fuera de lugar. Los que la rodeaban parecían conocerla, saber lo que pensaba e incluso cómo se sentía, pero nadie la comprendía. ¿Era culpa de ella o de los demás?¿Acaso suponía alguna diferencia? El tiempo pasaba, la vida seguía su curso, pero ella sentía que el mundo giraba cada vez mas despacio, que el tiempo ya no avanzaba sino que se retorcía sobre sí mismo en un bucle sin fin en el que todos los días era iguales, excepto por una cosa: su alma cada día era un poco más pequeña, su corazón cada día un poco más seco, más frágil, como una hoja al final del otoño cuando hasta la más suave de las brisas s capaz de desgarrarla en pedazos. Sólo estaba esperando a ese día de viento.

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