Etiquetas

, , , , , , ,

20/6/2017

Después de dejar el hotel años 70 (paredes de madera, sillas de metal y cuero plastificado, vidrios de colores…) toca coger el coche y, después de una lucha de voluntades con el navegador, llegamos al parking de la ruta que nos llevará al Pen & Fan, el punto más alto del parque Nacional de los Brecon Beacons. Según la guía, la caminata es moderada… en la escala Everest, imagino, porque casi palmamos por el camino. Son como unos 3 Km de subida con más de 400 metros de desnivel (y luego no hay que olvidarse de la bajada que fácil fácil, tampoco es). Pero desde luego merece la pena más que de sobra. Solamente que deberían plantearse lo de recalificar la caminata. Especialmente cuando tienes un día de 30 grados en mitad de un parque nacional. Y eso que nos hemos puesto pañuelos para cubrirnos sobre todo cuello, escote y hombros para intentar evitar quemarnos de nuevo, y que hemos ido bien tempranito para evitar el centro del día. Eso sí, nos quedamos a cuadros cuando un grupo de 6 o 7 muchachos (alguno no tan muchacho) pertenecientes a un club de boxeo suben y bajan al pico corriendo en lo que nosotras (y el resto de los mortales que andaban por allí) recorremos la mitad del camino.

La siguiente parada son las cuevas de Dan-Yr-Ogof. Aprovechamos antes de entrar a las cuevas para reponer fuerzas y luego nos disponemos a verlas. Son cuevas “auto-exploradas”, vamos, que entras tú y las vas viendo a tu aire, y aunque están bastante bien indicadas, a veces da un poco de yuyu, sobre todo cuando a la entrada de la cueva tienen un faro de “emergencia” que pesa un quintal y que debes llevar para encender en caso de emergencia. Menos mal que ya, expertas en cuevas, nos habíamos preparado y llevábamos ropa de abrigo, porque dentro hacia un frio de tres pares. Y, por supuesto, venga a subir y bajar cuestas y escaleras (es que no tenéis piedad?).

Nos dirigimos entonces al pueblo de Brecon donde encontramos un café y al entrar resulta que tienen una oferta de 2×1 en smoothies naturales. Nos lo bebemos de un trago porque el calor ya empieza a resultar insoportable! Justo después nos ponemos en marcha para llegar a nuestro alojamiento en una antigua posada más chula que nada.

21/6/2017

Cuando yo creía que ya había tenido bastantes experiencias de apariciones en mis ventanas… nos despiertan unos obreros que está trabajando en la fachada del hotel. Menos mal que me da tiempo a salir pitando a la ventana para echar las cortinas!

Mientras esperamos poder salir del parking del hotel (se ha aparcado el camión de reparto y el buen hombre hace lo que puede), intentamos hacer entrar en razón a Miguelito, pero el disco duro más duro que una piedra, valga la redundancia, y sigue empeñándose en buscar las direcciones que le ponemos en el área de Birmingham. De paso comprobamos que hoy llegaremos a temperaturas por encima de los 30 grados!

Hoy toca “castilleo” y, en varios de ellos, nos preguntan que por qué no nos hacemos socias del National Trust y cuando decimos que somos extranjeras… se sorprenden!! Eso me hace pensar que mi acento no está tan oxidado como podría parecer (o simplemente está siendo muy amables).

Como hace buen día y vamos bien de tiempo, decidimos visitar una bahía que parece ser muy bonita. Como conduzco yo, la cosa empieza a complicarse por carreteras cada vez más y más estrechas, el GPS cada vez más perdido y, de repente y como por arte de magia, la niebla empieza a caer y a hacerse cada vez más y más espesa. Nos entra un poco de cangelo y decidimos dar media vuelta y marcharnos por donde hemos venido. Y hacemos bien porque cuando llegamos al hotel, apenas se ve el puerto que está justo enfrente. Como encima hace frío, decidimos cenar en el mismo pub del hotel en el que, por cierto, se está celebrando una boda (mal rollo). Aquellos que habéis frecuentado pubs y restaurantes en Reino Unido, especialmente si son franquicias, sabréis que, en algunos, para poder poner las cosas en una cuenta y no pagar de inmediato, te “secuestran” la tarjeta de crédito, la meten en una especie de mini-caja fuerte de la que te entregan la llave. Nadie tiene acceso a ella salvo tú con la llave por lo que, a la hora de pagar, vas con la llave y te devuelven la tarjeta. Este pub era uno de esos, así que dejamos la tarjeta y nos pusimos a cenar. Cuando fuimos a pagar, de repente yo caí en la cuenta de que no me habían dado la llave y no sabía en qué cajón la había metido la camarera que, para remate, había acabado su turno y se había ido hacía unos 15 minutos. Y empezamos a entrar todos en pánico, Raquel, yo, los dos camareros… hasta que se me iluminó la memoria y le dije que creía que estaba en el tercer o cuarto cajón empezando por abajo y mientras uno de ellos intentaba localizar a la compañera. Al final, encontramos la tarjeta y todo quedó en un susto. Nos fuimos a la cama pensando que nuestra habitación estaba justo encima del salón de la boda, pero cuál fue nuestra sorpresa que a las 23h ya no había fiesta ninguna!

Anuncios