Etiquetas

, , , , , , , ,

 

27/6/2017

Ya empezamos con líos con el navegador desde bien tempranito. Debe ser que amenaza lluvia y se está poniendo nervioso pero por el momento nos vamos librando y nos vamos apañando para encontrar los sitios.

Las cosas no salen como teníamos planeado aunque tampoco nos podemos quejar. Visitamos Llangollen con la preciosa casa Plas Newydd donde nos tomamos una buenísima sopa de verduras en los antiguos establos de la casa. Allí teníamos pensado coger unos botes que pasan por los canales pero sólo podemos coger uno que es tirado por un caballo percheron y damos una vuelta de 45 minutos. Eso sí, hacemos el tonto con el parking porque le ponemos dinero para todo el día pero cuando nos damos cuenta, resulta que la hora de pagar acaba a las 17h y eran las 16h cuando lo hemos puesto. A ver cuándo aprendemos!

Después visitamos una abadía en ruinas y de allí a Bala, a visitar el mayor lago de Gales. El problema llega cuando tenemos que buscar el B&B porque la dirección que ponemos en el navegador nos lleva hasta un pueblecito donde se termina la carretera. Damos la vuelta y seguimos hacia delante pero el navegador nos sigue indicando lo mismo. Decidimos usar el móvil y nos vuelve a mandar al mismo sitio que nos mandó el GPS. La única opción que nos queda es un camino rural lleno de barro con el que nos encontramos otro coche de frente y tenemos que dar la vuelta… Hasta que al final, mientras dábamos la vuelta por tercera vez en el mismo sitio, me fijo que la última casita del pueblo tiene un cartelito con el nombre del hotel, así que por una vez, Miguelito nos había dado la dirección correcta. Como es un B&B perdido en un pueblino, tenemos que coger el coche de vuelta a Bala para cenar algo. Menudo trajin!

28/6/2017

Al final dormimos estupendamente, hemos desayunado huevos revueltos de corral (de las gallinas que tienen en el mismo hotelito) y hemos estado un ratito de cháchara con Dusty y Ros, los dueños del B&B, que son encantadores.

Pero hoy llueve mogollón y me toca conducir a mí. Vamos a Powys Castle y para llegar allí tenemos que cruzar un puerto de montaña con carreteras de tipo montaña, es decir, sin marcas, sin arcén ni separación, ni siquiera espacio para dos coches. Además, según subimos por el puerto comienza a bajar la niebla y empiezan a aparecer ovejas locas en mitad de la carretera que tenemos que ir esquivando. Menos mal que no parece un puerto muy transitado. Pero merece la pena la visita porque el castillo es espectacular. La pena son los jardines, que son preciosos pero como está lloviendo bastante decidimos visitar sólo el castillo en sí mismo y dejar los jardines, aunque para compensar, nos toca un autobús de abueletes que casi arramblan con el lunch!

A la salida del pueblo más cercano tenemos que pararnos en un super-Tesco a comprar un par de cositas que necesitamos porque hemos calculado mal y estamos a punto de quedarnos sin ciertas cosas básicas que no vamos a nombrar aquí.

La carretera, bueno, carretera… que nos lleva al siguiente pueblo, Knighton, es pero que la del puerto y a veces sólo cabe un coche y… una oveja (a las que hay que tocar el claxon de vez en cuando para que se aparten).

Vamos a dormir a Llandrindod Wells, que es una ciudad balneario victoriana donde recomiendan visitar el lago al que iban a pasear. Las indicaciones y mapas que hay por la ciudad son poco… ejem… aclarativos y acabamos dando veinte mil vueltas (también porque una señora nos dice que giremos a la derecha cuando en realidad teníamos que girar a la izquierda). Ya, por amor propio, seguimos buscando el dichoso lago (aunque nos importa ya muy poco) y por fin damos con él. ¡Menuda birria de lago!¡Pero si eso es un estanque! El de El Retiro es mucho más grande. Y encima aquello está lleno de caravanas y motos y coches porque hay una convención de no sé qué. Bueno, al menos hemos hecho hueco para la cena!

Pero nuestra mala tarde no acaba ahí. Entramos a cenar y nos sientan al lado de dos señoras de mediana edad… ¡maldita sea su estampa! Una de ellas, aparte de no callar ni un momento, come con la boca abierta armando un ruido terrorífico. Casi me da algo. Y no sólo se come lo suyo sino que encima se come lo que deja su amiga. ¡Qué desesperación! Pero qué se pueda esperar de alguien que, pasados los 60 años, lleva un coletero (sí, amig@s, coletero), una diadema de plástico y un flequillo, todo junto. ¡Inaudito! Ahí se atragante con el postre.

29/6/2017

¡¡Vaya día de carreteritas que llevamos!! Entre las carreteras/caminos de cabras, las rotondas (no he visto cosa igual, qué le gusta una rotonda a un galés!), el navegador no hacía más que recalcular ruta, daba igual por dónde fuéramos o lo que hiciéramos… eso o nos decía “señal GPS perdida” justo cuando más lo necesitábamos. ¡Qué ganas de tirarlo por la ventanilla! Y por esas carreteras de Dios nos hemos encontrado de todo: seres humanos, coches, tractores, caballos, ovejas, perros y hasta una gallina que no se apartaba ni a tiros (casi me tengo que bajar a echarla!). Por lo menos no nos ha llovido aunque durante un rato hemos tenido bastante niebla.

Hoy eran casi todo castillos excepto el pueblecito de los bibliófilos, Hay-On-Wye, y el priorato de Llanthony. Finalmente llegamos a la posada y subimos a la habitación. Hace bastante calor así que abrimos la ventana pero está un poco rota y no se sostiene abierta. Es lo que tienen las ventanas Tudor (no estilo Tudor si no de la época Tudor). Total, que hemos buscado algo para ponerle como tope y hemos pensando en nuestras botellas/cantimploras. Al principio ha ido todo bien pero al ir a bajar un poco la persiana… la botella de Ra ha salido disparada y se ha caído a la calle (menos mal que era sólo el primer piso) justo cuando pasaban una pareja por delante. El hombre ha empezado a reírse a carcajadas cuando nos ha visto la cara de WTF! Y no podía parar. La mujer ha cogido la botella y se la ha pasado al hombre que me la ha lanzado y, al segundo intento (porque al primero ha vuelto a pegar un botellazo), he conseguido cogerla. Y se han ido muertos de la risa mientras Ra y yo examinábamos la pobre botella que tiene un buen bollo en el culo (pero por lo demás, está perfecta).

Al final hemos decidido poner un rollo de papel higiénico que, si se cae, daño no va a hacer, eso seguro. Y nos hemos ido a cenar tan tranquilas.

 

Anuncios