Obstinated Ideas

I really don’t know why. Why I’m writing this and why I’m doing it in a language it’s not my mother tongue. Maybe it’s because being iddle makes feel the need to resume my love for this language. Or maybe there’s a hidden reason: a way to distance myself from what I feel, from this obsessive thought. I recognise it’s an idea I’ve been pondering on long time ago, but it’s been always more a possibility than an option. But now, a few weeks ago, it has become an option, a very real one. So real that I’m asking about it and looking for advice and making plans to carry it on. I’m not sure if I’ll do it in the end because it’s so dificult as scaring but, as a family doctor I’m used to live with unceartainty (about my future, about my patients, about everything). So even when it’s makes me feel anxiously and lost, I can stop thinking about it.

Oh my god, it’s sound so mysterious… and it’s so simple in fact. I don’t want to talk too much about it because I don’t want to spoil it but who knows, maybe this is another odd entry in a stupid blog written by a fool girl. We’ll see.

Publicado en on febrero 23, 2012 at 6:28 pm  Dejar un comentario  

Changes

Aquí estoy otra vez, apenas un mes después de mi última entrada. Después de casi un mes de haber comenzado el nuevo año, me he dado cuenta de que todo sigue exactamente igual (incluso eso no es ninguna novedad) pero he decidido que no debe ser así por lo que voy a tomar cartas en el asunto. Obviamente voy a liarme la manta a la cabeza y abandonarlo todo y darle un giro radical a mi vida, mi espíritu de viejuna no me lo permitiría. Pero sí he decidido hacer pequeños cambios que me ayuden a ser un poco más feliz a pesar de las circunstancias. Mi lema a partir de hoy será “El mundo me amargará la vida en la medida que yo deje que me la amargue”. Sí es una utopía, lo sé, después de todo llevo 30 años siguiendo el mismo esquema y cambiarlo no va a ser fácil. Pero debo intentarlo. Las circunstancias en las que me ha tocado vivir no las puedo cambiar: no puedo hacer que me ofrezcan un trabajo estable, ni que me bajen la hipoteca, que la gente sea más amable, que mis amigos y familiares no tengan problemas… pero sí puedo intentar afrontar todo eso de forma que no me parezca todo tan horrible.

Y al igual que hay cosas que no puedo cambiar, hay otras que puedo y debo cambiarlas. Poco a poco, sin intentar grandes cosas que estén destinadas a fracasar. Y, ¿qué es lo primero que puedo cambiar? A mí!! Me tengo cerca y soy fácilmente manipulable si se sabe cómo (y yo sé cómo!! xD). Tampoco eso es moco de pavo así que antes de cambiar mi forma de afrontar las cosas, voy a empezar por algo más fácil y con resultados rápidos y efectivos que me sirvan de retroalimentación positiva, así que toca cambiar de aspecto. No, de momento no me tiño de rubia platino ni voy a hacerme un corte de pelo radical (eso ya lo hice y lo siguiente más radical sería raparme al cero y eso no entra dentro de mis planes), pero sí voy a intentar mejorar con pequeños cambios que me hagan sentir bien porque la mente humana es así de absurda: si te ves bien, te sientes mejor y parece que todo a tu alrededor es mejor. Así que voy a ponerme en forma (6 meses de doblaje me han dejado hecha una auténtica abuelaza) y a disfrutar intentado mejorar. Me hará falta mucha fuerza de voluntad porque la constancia no es una de mis virtudes pero, como dijo B. Fraklin: “No he fracasado; he encontrado 10.000 soluciones que no funcionan”.

Pues eso!

Publicado en on enero 24, 2012 at 1:26 pm  Dejar un comentario  

Retrospectiva

Hace tanto que no escribo… y qué mejor para retomar esta vieja costumbre que el día de mi cumpleaños. Treinta añazos!!! Y parece que era ayer cuando calculaba con mis hermanas la edad que tendíamos cada una en el año 2011 y nos parecía que seríamos viejísimas, más de lo que eran nuestros padres en ese momento (imposible, pero nos parecía que más de treinta era la senectud absoluta!!!). Y aquí estoy, inaugurando la treintena y lo que me parece ahora es que a pesar de la edad soy demasiado joven como para hacer o tener todas las cosas que la gente espera que hagas o tengas con esa edad: trabajo estable, pareja estable, hijos, plantas, animales de compañía… *huye despavorida*

Pero bueno, no hay que dramatizar. Con la esperanza de vida actual, aún no he llegado al ecuador de mi vida así que hay tiempo, tranquilidad. Así que más que pensar en lo que me queda por hacer (la mayoría de las veces eso se vuelve en tu contra y acaba por apoderarse de tu pensamiento y de tu alma, oscureciendo ambos por igual), prefiero echar un vistazo a todo lo que he hecho con la esperanza de que eso me ayude a afrontar el inicio de esta década con más alegría y esperanza, aunque los tiempos que corren no sean los más propicios para ello.

Lo que sí me hace sonreír, es pensar en todo lo que he vivido hasta ahora y sobre todo las personas con las que he compartido esas experiencias. Familia, amigos, compañeros, e incluso “enemigos” (afortunadamente de estos pocos, aunque alguno siempre hay). Algunos ya no están cerca, bien porque la naturaleza siguió su curso o bien fue la dejadez la que lo hizo; pero la mayoría permanecen conmigo, a mi lado, y seguimos compartiendo momentos y vivencias que hacen que este difícil camino que es la vida valga la pena caminarlo, no por la meta sino por el camino en sí mismo. Y son ellos los que han hecho de mí la persona que soy y los que, probablemente, sigan cambiándome con el paso de los años (espero que para mejor). Como la receta de un viejo plato tradicional cuya receta implantaron mis padres y mis hermanas, al ser mi referencia desde que nací, cocinando a fuego lento y con paciencia lo que sería la base del plato final. Después han ido llegando otras manos que han ido aportando su experiencia y sus gustos, añadiendo un poco de sal aquí, un poco de pimienta por allá o incluso haciendo desaparecer algún que otro ingrediente (fuera la nuez moscada). Sea como sea, todo lo que soy, todo lo bueno que pueda haber en mí, es gracias a la personas que en estos años han vivido conmigo, me han aconsejado, me han enseñado, me han animado a perseguir lo que quería y a plantar cara a la adversidad (con más o menos fortuna). Sin ellos sería una persona incompleta, medio vacía… No imagino la vida sin esos momentos especiales: sin esas charlas virtuales a las 3 de la mañana; sin esas risas descontroladas en la parada de un autobús; sin esos minutos de “éxtasis” compartidos durante un concierto; sin esos desayunos desfrontalizados en la cafetería del hospital tras una noche de locura sin pegar ojo; sin esos gintonics compartidos bailando las mismas canciones una y otra vez; esos viajes relámpagos sólo para pasar unas horas en compañía; sin esas cartas escritas a mano durante días; sin esos cafés a cualquier hora concertados con unas pocas horas de antelación; sin esas vacaciones organizadas con esmero que siempre salen aún mejor de lo planeado; sin esos mensajes de ánimo y de felicitación según la ocasión; sin esos abrazos por sorpresa con arrancamiento de pendientes incluido; sin esos descubrimientos de canciones o películas que te remueven por dentro; sin todos esos momentos que no son especiales tanto por el momento en sí como por con quién se comparten.

Puede que aún no haya hecho nada que vaya a perdurar en el tiempo pero desde luego, en mi corazón hay tantas huellas imborrables que no podría contarlas, aunque sí recordarlas hasta el final de mis días. Gracias a todos por esas pequeñas marcas porque son lo que hacen de estos años lo que son… mi vida.

 

Publicado en Sin categoría on diciembre 12, 2011 at 12:06 am  Comentarios (3)  

Imborrable

Sé que ha pasado una semana y ya es casi “off topic” como dicen por ahí, pero entre unas cosas y otras… El caso es que no puedo dejar pasar la oportunidad del que probablemente haya sido para mí, y para muchos otros (no me cabe la menor duda), el evento del año. Me refiero al concierto de la que es considerada actualmente una de las mejores bandas del mundo –y su espectáculo, uno de los mejores conciertos del panorama actual-. No podría estar hablando sino de Arcade Fire.  Su concierto del pasado 20 de Noviembre en el Palacio de los Deportes fue uno de los mejores de los últimos años (en lo que a mí respecta, claro está). El Palacio estaba a rebosar y, sorprendentemente, la organización era bastante mejor que en otras ocasiones (lo cual tampoco resulta difícil de entender dada la desorganización habitual), y es de agradecer porque con el frío siberiano que hacía, pudimos entrar en poco tiempo en cuanto se abrieron las puertas.

Nosotros estábamos bastante cerca, cuarta o quinta fila y, desde allí, el sonido era lo suficientemente bueno como para disfrutar de cada una de las canciones. Los teloneros, los canadienses “Fucked up”, intentaron caldear un ambiente que, por otro lado, no necesitaba gran cosa para animarse. No voy a decir mucho porque, personalmente, el hardcore-punk no me va, así que gustarme, lo que se dice gustarme… pues no, la verdad. Pero como estaba como loca por que empezase “lo bueno”, tampoco les hice mucho caso… y lo siento, pero es así. Y eso que normalmente intento hacerles caso a los teloneros porque me parece que hacen un papelón tocando delante de gente que no han ido a verles a ellos.

Total que, con algunos minutos de retraso, sobre un escenario sin apenas ornamento (un fondo con una especie de cruce de carreteras y una pantalla sobre la que, durante el concierto, irían apareciendo diferentes imágenes y videos), salieron a escena los protagonistas de la noche… y no defraudaron a nadie. Desde el minuto cero hasta el final fue una entrega absoluta por su parte, y por la nuestra, que vibramos con cada una de las canciones, de las palabras de Win Butler… y hasta de los silencios. La verdad es que fueron, no encuentro la palabra… ¿agradecidos? No sé, se les veía, eso, agradecidos, contentos… yo creo que disfrutaron. Por supuesto, lo de “sois el mejor público del mundo” no se lo cree nadie (hasta en Villacangrejos de la Sierra escuchan eso en cada concierto), pero seamos realistas, en ese momento hace ilusión, qué le vamos a hacer si con “ná” nos ponemos contentos.

Pues eso, no faltaron éxitos ni del primero, ni del segundo ni de su último disco. La gente se volvió loca con todas y cada una de las canciones, bailando, dando palmas, cantando (afortunadamente esta vez no tuve a ningún cansino vociferando ni desgañitándose como me suele pasar)… Fue maravilloso. La pega… que duró poquísimo, o eso nos pareció a todos. Tocaron aproximadamente hora y media (parece que por Real Decreto sea la duración estándar porque últimamente no hay nadie que toque más de 90 minutos) pero nos supo a poquísimo, a pesar de poder escuchar “Wake up”, “Ready to Start”, “Rococo” (no siempre la tocan en esta gira y me encantó porque es de mis favoritas), “Sprawl II (mountains beyond mountains)” y “Rebellion (Lies)” (no podéis imaginar la de recuerdos que me trae esa canción, la de momentos increíbles vividos escuchándola…). Es que fue emoción tras emoción, recuerdo tras recuerdo… buff, maravilloso. De esos conciertos que marcan una vida, que pasan a la historia, a TU historia, y que permanecen en tu recuerdo para siempre, que te dejan siempre con ganas de más.

Y para aquellos que no los conozcáis o no tuvisteis el placer o la dicha de disfrutar de ellos, os dejo un video.

Publicado en on noviembre 26, 2010 at 3:25 pm  Dejar un comentario  

Frase del día

Por mucho que sepa que el mundo es feo, no tengo ganas de verlo.

(Muriel Barbery: “L’Élégance du hérisson)

Apenas puedo añadir algo a esta frase pues bien resume lo que podrían ser años y años de psicoterapia que nunca he hecho. Viene a ser lo que el refranero español enuncia como “no hay peor ciego que el que no quiere ver”, pero claro, dicho de la otra forma queda un poco más fino. Pero es así de sencillo. El que sepa que el mundo es feo, no quiere decir que no sufra viéndolo así que, en este caso, sinceramente, prefiero mirar hacia otro lado.

 

Publicado en on noviembre 23, 2010 at 8:48 pm  Dejar un comentario  

La mediocridad

La mediocridad… Una palabra que podría ser como otra cualquiera pero que, con el paso del tiempo, se ha convertido en una palabra terrible, insultante en la mayoría de los casos. Sin embargo, si buscamos su significado en el diccionario… bueno, no nos saca de pobres: “cualidad de mediocre”. Centrémonos pues en ese término, en la palabra mediocre. En la RAE se define como “De poco mérito, tirando  malo”… vale, es algo poco agradable pero el caso es que ésa es su segunda acepción pues la primera, la más válida (por así decirlo) es, simple y llanamente, “de calidad media”. Y digo yo ¿qué hay de malo en eso?¿Tan terrible es ser como la media? Para algunos puede que sí pero no me parece tan horrible permanecer en el anonimato, confundirme con el resto de la gente, pasar desapercibido, no llamar la atención… pasar sin pena ni gloria. No resulta tan desagradable como uno pudiera pasar el ser mero espectador mientras la acción se centra en otros.

Lo bueno, por no decir lo mejor, de ser mediocre es darse cuenta de que uno lo es. Aunque quizás eso sea una ironía pues si uno asume que es mediocre ya hace más de lo que hace la mayoría lo cual le convierte en algo diferente, por encima de la media (es decir, que perdería su mediocridad). Pero, obviando esto, si uno asume que lo es, y lo acepta como tal, entonces llega el fin de la frustración. Si uno asume que nunca será el mejor hijo, o el mejor padre, o el mejor amigo, o el mejor en su profesión, o… bueno, que no será el mejor en lo que quiera que sea, sencillamente podrá dedicar su energía en algo más provechoso. Eso no significa que uno no ponga empeño o esfuerzo en dar lo mejor de sí mismo, por supuesto, pero siempre sin perder de vista quién es y hasta dónde puede llegar. Por el contrario, si uno se empeña en no verlo, la frustración será la emoción que marque su vida pues dedicará la mayor parte de su tiempo a alcanzar lo inalcanzable. No conseguirá otra cosa que infelicidad.

Así pues, brindo por los mediocres, por su felicidad y su coherencia. Brindo por mí.

 

Publicado en on noviembre 2, 2010 at 10:04 pm  Dejar un comentario  

Penumbra

No es luz ni oscuridad sino ambas. Donde el tiempo se detiene, o quizás es que no importa que el reloj siga en marcha. Donde eres lo que quieres ser, sin que por ello dejes de ser tú. Donde nada es imposible pero todo es irreal. Donde soñar estando despierto. Donde nada importa excepto tú. Así es como quiero estar, en penumbra.

Publicado en on octubre 19, 2010 at 11:28 am  Dejar un comentario  

Cuanto más grandes…

Hoy, mientras veía las noticias (cosa que no suelo hacer habitualmente más que nada porque hay días en los que salgo del trabajo con el alma por los suelos y no quiero echar más leña al fuego), a propósito de un reportaje sobre la educación en Argentina, donde quieren acabar con la desigualdad en el acceso a los estudios (los que tienen dinero estudian y los que no, no), ha salido un señor mayor de unos 70 años (así a ojímetro) y ha dicho una frase que me ha dejado “pasmada”, pues a pesar de la sencillez de la misma, lo que significa es una verdad como un templo.

“Cuanto más grandes son las escuelas, más pequeñas son las cárceles y más pequeños los hospitales.”

No necesita más comentarios, no?

Publicado en on septiembre 14, 2010 at 6:24 pm  Dejar un comentario  

Bajo control

Caminando, con pasos largos y pausados, las manos a la espalda, con la cabeza alta, despreocupadamente, como si no importara dejar al descubierto el pecho, como un blanco fácil, casi desafiando a dar en la diana. Quizás porque sabe que no lo harán, o quizás sea porque sabe que no necesita las manos, que bastan unas palabras o incluso una mirada de ojos oscuros y penetrantes.

Así recorre los pasillos, día tras día, con la misma actitud relajada, sin apresurarse ni alterarse por lo que pueda suceder alrededor, como si todo estuviese bajo control. Haciendo que los demás sientan que todo está bajo control

Publicado en on agosto 13, 2010 at 3:12 pm  Dejar un comentario  

Alone

Irremediablemente sola… así me siento a veces. No importa cuántas personas te rodeen, da igual que sean dos o dos docenas, pero la soledad se cierne sobre ti como lo hacen una nube de tormenta de verano que no acaba de descargar, oprimiéndote, impidiéndote respirar con normalidad, oscureciendo el horizonte. Sólo espero que, al igual que esa nube, el viento la haga jirones en un instante.

Publicado en on agosto 1, 2010 at 9:28 pm  Dejar un comentario  
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